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Pequeño observatorio

La vidriera, la luz piadosa

Miércoles, 4 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Josep Maria Espinàs Periodista y escritor

En este diario, Gemma Tramullas ha publicado una entrevista con Joan Serra, que continúa una de las tradiciones artísticas más curiosas: la creación y confección de vidrieras. Aquellas vidrieras de colores que hay en algunos edificios y que representan los temas más diversos. Los vitrales más conocidos son los que se encuentran en muchas iglesias y a través de los cuales pasa la luz exterior. Joan Serra da una explicación muy ilustrativa: el vitral occidental se inventó en el tránsito entre el románico y el gótico. En el románico, las ventanas -de las iglesias- eran muy pequeñas; había todo un mundo ahí dentro y no hacía falta que irrumpiera nada de fuera. El gótico pedía una entrada de luz que iluminara los libros sagrados, pero esa luz debía ser filtrada y sacralizada. Así nació el vitral, que purificaba la luz profana y la convertía en sagrada. En Europa he visto vitrales de todo tipo, en grandes catedrales y en modestas iglesias. He admirado los dibujos, aquellas imágenes -a veces un poco empañadas por el paso del tiempo-, resultado de una laboriosa artesanía, que había pintado el artista hasta el emplomado del vidrio. Parece mentira que se hayan conservado estas creaciones del siglo XII y XIII. El vidrio, aunque sea técnicamente tratado, es frágil por definición. El paso del tiempo y las revoluciones han destruido muchos. En Catalunya no faltan vitrales espléndidos, que no desmerecen de los mejores, como el trabajadísimo vitral de la catedral de Chartres. Y aquí se produjo una singular renovación de los vitrales en la época modernista. Los grandes arquitectos y artistas de la época crearon piezas extraordinarias. La imagen que tengo más grabada del Palau de la Música de Barcelona es su enorme claraboya central, que es una pieza original de la cristalería. En tiempos modernos el vitral no es exclusivo de los templos, y los dibujos representan animales, paisajes y temas diversos. Pero me seduce la observación de Joan Serra: «El vitral filtra la luz profana y la convierte en sagrada». Es como decir: dentro de la iglesia hay un mundo, fuera de la iglesia hay otro. En las modestas ermitas la separación es radical. En las paredes de piedra solo hay una grieta para la luz diurna. Pero en los grandes templos es necesario que haya más claridad. Hagámosla pasar, pues: que atraviese las túnicas de vidrio de los santos, la figura de la Madre de Dios, el Cordero de Dios, Cristo crucificado. El invento de la luz eléctrica incorporó las iglesias al mundo exterior.

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Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

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