Mauricio Bernal
Periodista
-Yo soy comercial, visitador médico, ya se lo dije. Por lo tanto estoy acostumbrado a vender cosas. Pero ya ve, vender lo mío no me resulta tan fácil. Lo que pasa es que tengo que hacerlo. Si no me muevo yo, nadie se va a mover por mí. Estoy solo en esto.
Información publicada en la página 60 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 16 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Ya. Claro.
«Lo mío» es el disco que más o menos acaba de editar, no del todo reciente pero de ningún modo viejo: Solo & cia. Solo es él, Víctor Rubio, porque después de ser comparsa en muchas bandas («acompañamiento», dice) decidió emprender carrera en solitario, solo, pues, y solo es como ha editado el disco, de su bolsillo, para ser exactos, pero resulta que Solo también se llama el perro de la carátula, que es suyo y que recogió en la calle y al que quiere bastante, cómo no.
-En la playa, en realidad.
En la playa.
-En fin. Se considera cantautor.
-Básicamente. Y si pudiera vivir de esto, viviría de esto. De momento, tengo que editar yo mismo mis discos.
-¿Mis?
-Preparo otro.
-Concluyo que las visitas médicas le dejan tiempo. Qué suerte.
-Es un trabajo exigente, pero sí.
-La carátula es una foto de usted y el perro. Me hace gracia el perro.
-Tengo una debilidad por los perros. Mis padres son de Aragón y en el pueblo estábamos rodeados. Solo lleva 12 años conmigo, lo recogí en la playa cuando era un cachorro, pero en una época, por circunstancias personales, tuve que dejarlo en un hogar de acogida, donde no estaba muy bien. Entonces le compuse una canción. Una canción en la que yo le canto a él... Digamos que es un homenaje a mi perro. Es la última canción del disco. Y se llama así, claro. Solo.
-Las canciones son suyas.
-Todas.
-¿De qué van? Aparte de la del perro.
-De varios temas. Está, por ejemplo. Ángel negro. Va de un camello. Porque yo soy muy de barrio, eso no lo he dicho. De Esplugues y de barrio.
-El escenario de sus primeros pasos en la música, supongo.
-Sí, estuve en mi primer grupo a los 16 o 17 años. In Vitro. Tocábamos una especie de hard core melódico.
-Y usted ondeaba una lacia melena que le llegaba hasta la cintura.
-No, no. Ya ve. Nunca he sido el tío que uno dice: «Este está en un grupo». Siempre, de algún modo, he llevado una doble vida. Y siempre he sabido dónde están las habichuelas.
-Lo dice por su trabajo.
-Claro.
-Pero no es hard core lo que hace ahora, ¿o sí? No. No tiene pinta.
-No. Es música de cantautor. Pasada por un filtro de pop, rock y rumba.
-Aunque lo haya pagado de su bolsillo, y aunque no haya editado muchos ejemplares… No editó demasiados, ¿no? ¿Cuántos editó?
-Quinientos.
-Debió sentirse orgulloso, ¿no? Cuando lo tuvo en sus manos. El disco.
-Fue especial, sí. Yo creo que incluso más que si me hubiera editado una productora, porque todo el trabajo lo había hecho yo. Cuando lo tuve en mis manos pensé que mi objetivo real ya lo tenía, que ya era suficiente, y que lo que viniera después era todo ganancia y ya no dependía de mí.
-¿Dónde lo vende?
-Lo vendo cuando hago un concierto. Voy tocando en locales, en el Cafè del Teatre de Lleida, por ejemplo, o en el Cafè Slavia, también en Lleida, y en Astrolabi, en Barcelona. También he subido alguna canción en Youtube. ¿Y sabe una cosa? Mientras más me aparto del disco, más me doy cuenta de que no está tan mal.
-Una cosa: tomó clases de música, o algo, supongo.
-No, todo lo que sé lo aprendí solo. La batería y la guitarra son los dos instrumentos con los que me defiendo. En el disco toco la guitarra. Y canto.
-Imagínese que un día le suena la flauta. ¿Qué haría?
-Me dedicaría a esto, claro.