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Sentados frente al mar, en el apartamento que alquilan todos los veranos, el padre propone sacar una foto familiar a la hora del desayuno. La madre prefiere guardar este momento en la memoria y entonces el hermano menor, que acaba de presentar la tesis doctoral y a partir de septiembre quizá cobre un sueldo de verdad -o quizá no-, se da cuenta de que todos tienen la misma arruga en la frente.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Es la worry line, ese pliegue que trazan las preocupaciones por culpa de fruncir el ceño. La del hermano mayor es la más profunda porque ha tenido que dejar Barcelona para ejercer su profesión; allí perdió su trabajo de arquitecto. Su hermana buscó suerte en Brasil y ha vuelto para formalizar los papeles. La madre gestiona una oenegé de trabajos sociales y no sabe qué inventar para pagar a sus empleados, puesto que las administraciones llevan ocho meses de retraso. El padre, jubilado, tampoco está muy tranquilo: cada vez que el Gobierno asegura que no hará una cosa, la hace, y ya ha anunciado que no tocará las pensiones.
Están muy blancos. Antiguamente, estar moreno era de campesinos y las señoritas se cubrían con las sombrillas. Luego eran los pijos quienes podían permitirse el lujo de tomar el sol mientras los currantes se quedaban en la oficina todo el agosto. Ahora la blancura de la piel vuelve a estar de moda y es buena señal; si la tienes bronceada probablemente sea porque estás en paro. Así se consuela la hija, que propone inyectarse un poco de bótox entre ceja y ceja para, si bien no quitarse la angustia, al menos borrarse esa prueba de la cara.
Van a buscar a la abuela. Tiene 92 años, fuma un paquete diario y nada de punta a punta de la playa. Cuando le preguntan cuál es el truco de la longevidad, responde que vivir mucho tiempo. Se fijan en que ella no tiene la arruga de la frente. ¿Cuál es el secreto? Resuelve: «No passar pena». Preocuparse es ocuparse antes de tiempo. Y el verano es tomarse un tiempo para no ocuparse de nada.