Con el verano llega también el tiempo de los festivales, con una programación que, vista en su conjunto y siendo ecléctica, apuesta por la calidad y la variedad, con un amplio repertorio para públicos muy diversos. La oferta es intensa y extensa, desde el ya mítico Grec de Barcelona al Músiques de Torroella (el que plantea un programa más clásico) y los cada día más solventes PopArb y Aphònica (con un acento especial en el pop-rock catalán), pasando por otros más elitistas como Peralada y Cap Roig (con homenajes a figuras emblemáticas, entre ellas Bob Dylan), el PalmFest de la Costa Daurada, el de teatro de Tàrrega o el Música Viva de Vic, que ponen de alguna manera punto final a la temporada estival.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 23 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Gracias, en algunos casos, a la ayuda institucional, y en otros muchos a las iniciativas privadas, lo cierto es que, a pesar de los tiempos de crisis, la posibilidad de disfrutar con cultura de las noches de verano se plantea como una alternativa que, además, se convierte en un factor de dinamización económica. Tan cierto es que se han recortado presupuestos como que se mantiene la voluntad de ofrecer espectáculos para todos los gustos, con festivales que juegan al caballo ganador o bien con propuestas más audaces. En cualquier caso, es una buena noticia porque, en el fondo, nos habla de la necesidad de cultura y diversión, de goce estético y ganas de afrontar los problemas con amplios espacios para la vitalidad.