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Joan Roca. Las mejoras recetas de mi madre

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Gente corriente

Filipino. Ha trabajado como chófer, ha abierto un restaurante y ahora es jefe de cocina de una cadena.

Mg Uzi Collo: «¡Madre mía, aquí se besan en la calle!»

Jueves, 23 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CATALINA GAYÀ

Entrevisto a Mg Uzi, también conocido como John, en su casa en Barcelona. Su niña, Gioana, está presente. Está muy atenta a las palabras de su padre. De vez en cuando se asoma su mujer, Lucita, con su hijo pequeño.

JOAN CORTADELLAS

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Información publicada en la página 36 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 23 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-¿Se llama Mg Uzi o John?

-Bueno, trabajé en una casa de una familia catalana y, como mi nombre es muy difícil de pronunciar, el señor me puso John y así se quedó. Ahora todo el mundo me llama

John. Aunque yo me llamo Mg Uzi Collo Cabuena.

-¿Cuándo llegó a Catalunya?

-En 1987. Vine con mi primera mujer. Ella viajó antes y yo la seguí. Tenía 23 años y, la verdad, nunca antes había pensado en salir de Filipinas. Vine porque ella quería. Nací al norte de Manila, en Ilocos Sur, y soy hijo de una familia normal, de clase media. Mi padre tenía un barco de pesca, y mi madre, una pescadería. Las cosas iban bien y yo trabajaba con ellos, así que tenía todo lo que necesitaba. No me fui por necesidad.

-Y, sin embargo, ya lleva más tiempo aquí que allá.

-Sí. Aunque no lo parezca, tengo 47 años. ¡Todo el mundo dice que parezco más joven!

-Y aquí empezó a trabajar...

-Cuando llegué, en 1987, todo era más fácil. Ahora muchos hombres filipinos trabajan en restaurantes, pero antes servíamos en casas privadas. Con la crisis eso se acabó.

-Supongo que ha visto muchas barcelonas.

-Yo aprendo de todo. Con la familia de catalanes estuve siete años y aprendí a estar delante de gente que tiene mucho dinero, y eso me sirvió. Trabajaba como chófer y en la cocina. También servía la mesa. Era gente muy amable.

-¿Lo dejó?

-Lo dejé porque llegó un momento en que quería cambiar de aires. Supongo que todo el mundo quiere cambiar de vez en cuando.

-¿Y qué hizo?

-Con mi esposa, abrimos un restaurante en L'Hospitalet de Llobregat. Estuvimos ahí hasta que me fui a Filipinas un año.

-¿Por la crisis?

-No, me fui a montar un negocio familiar. Somos cuatro hermanos. Tenemos una pequeña gasolinera que regentan dos de mis hermanas y mi madre. Mi otra hermana está aquí con sus hijos.

-¿Por qué cerró el restaurante?

-Porque cuando yo estaba en Filipinas, mi mujer no quería estar sola en el restaurante. Teníamos a camareros, claro, pero lo cerramos.

-Y regresó a Barcelona.

-Y soy el jefe de cocina de una cadena de restaurantes catalanes. Casi siempre cocino catalán. La verdad, es que me ha ido muy bien porque me he relacionado con mucha gente: catalanes muy ricos, los otros cocineros del restaurante, los camareros de mi propio restaurante, la gente de la escalera. Mi hijo también trabaja en un restaurante.

-¿Y qué le gusta de Barcelona?

-El mar. Mi ciudad también tiene mar, pero el de Ilocos Sur es más como el de Cadaqués.

-¿Y le fue fácil adaptarse?

-Bueno, se puede decir que a los catalanes no se les escapa nada, son buenos negociantes. [Se ríe] ¿Catalina o Caterina?

-Catalina.

-Es igual donde estés, en qué ciudad o en qué pueblo, pero el respeto, Catalina, nunca debe perderse. Y eso es de aquí y de allá, y es lo que enseño a mis hijos. No somos tan diferentes.

-Dígame algo que le chocara.

-Cuando llegué. ¡Madre mía, vi a gente besarse en la calle! No entendía qué pasaba. Nadie se besa en la calle en Filipinas, y si lo hacen significa que ya están muy casados.

-Y algo que nos una.

-Querer tener una vida mejor y la preocupación por nuestros hijos. Mi mujer tiene dos trabajos, en un hotel y en una casa privada, yo trabajo en el restaurante.

-¿Hablan tagalo en casa?

-Sí, y mi hija, que tiene 10 años, me corrige en catalán y en castellano. Los fines de semana ella aprende tagalo en la escuela. Pero no solo van hijos de filipinos, también van hijos de catalanes y de paquistanís.

-¿Extraña ser pescador?

-Sí. Ahora, cuando llega un pescado fresco al restaurante, me digo a mí mismo: 'Esto es lo que pescaba allá en Ilocos Sur'.

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