Montserrat Radigales
PERIODISTA
Londres disfruta ahora de los Juegos pero hace exactamente un año muchos temían por la reputación de la sede olímpica mientras varios distritos de la capital británica se consumían en llamas en los peores disturbios registrados en muchos años. Todo empezó la noche del 6 de agosto en Tottenham, un barrio desfavorecido del norte de la ciudad, cuando una concentración para protestar por la muerte, dos días antes, de un joven negro tiroteado por la policía degeneró en violentos enfrentamientos y la quema de coches y mobiliario urbano. Los disturbios pronto se extendieron a otras zonas de la capital y, después, a otras ciudades. En la noche del día 8, sin duda la peor, numerosos edificios en varios distritos de Londres fueron pasto de las llamas, mientras brigadas enteras de jóvenes y adolescentes (y algunos niños) saqueaban tiendas llevandose como botín ropa y zapatillas de marca, televisores y otros artículos de consumo.
La histórica tienda de muebles Reeves, engullida por la llamas en la noche del 8 al 9 de agosto del 2011. AP / LEWIS WHYLD
La histórica tienda de muebles Reeves, engullida por la llamas en la noche del 8 al 9 de agosto del 2011. AP / LEWIS WHYLD
Información publicada en la página 332 de la sección de Opinión Verano de la edición impresa del día 08 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hay dos imágenes que los británicos nunca olvidarán y las dos se produjeron aquella noche terrible en Croydon, en el sur de Londres. Una es el de una mujer -que resultó ser una inmigrante polaca- saltando desde la ventana de su casa para escapar del fuego. La otra es la del incendio y destrucción de Reeves House, una tienda de muebles que, con sus 144 años de historia, era toda una institución. Muchos vecinos lloraron aquella noche. Como, a sus 80 años de edad, recordaba desolado Morris Reeves -que compartía la propiedad del negocio familiar con sus dos hijos, Trevor y Graham- la tienda había sobrevivido al blitz durante la segunda guerra mundial, pero había sucumbido a los designios de unos gamberros.
MALESTAR SOCIAL Y GAMBERRISMO. Porque lo que empezó como un estallido fruto de un profundo malestar social, acabó convitiéndose en una ola de gamberrismo masivo. Un año después los británicos aún se preguntan por las causas de aquella vorágine de violencia. El cierre de centros juveniles, el paro, la crisis y la exclusión social habían creado un gran resentimiento en algunas capas de la población. Pero el consumismo desmesurado y una cierta dejadez parental tuvieron también mucho que ver. Las causas sociales no lo explicaban todo, sino no podía entenderse cómo hubo disturbios y saqueos en algunos distritos acomodados de Londres, pero no en Gales, donde el paro juvenil (22,5%) era el más elevado de todo el país. O que entre los miles de detenidos estuvieran un profesor y la hija de un millonario a la que pillaron con varios televisores en el coche.
Mientras, Reeves ha renacido de las cenizas.