Francesc Escribano
Los días previos a Semana Santa han sido movidos. El domingo con las consultas populares y el miércoles con las votaciones en el Parlament hemos vivido una semana de auténtica pasión independentista. Una semana de votaciones trascendentales, pero de pocos cambios efectivos. Habrá que dar tiempo al tiempo para conocer el peso y el valor de todo. Curiosamente, todo esto ha ocurrido en la misma semana que, hace ahora 80 años, Catalunya vivió uno de los pocos, por no decir únicos, periodos de independencia política de nuestra historia reciente. Fue el 14 de abril. El episodio fue tan intenso como efímero. La victoria de las candidaturas republicanas en unas elecciones municipales barrió la monarquía de España y dio razones y fuerza a Francesc Macià para proclamar la República catalana. Una República que, según dijo Macià, «cordialmente» intentaría integrarse en una confederación de pueblos ibéricos. Del mismo modo como los políticos españoles proclamaron la República, creyendo que el sufragio popular los legitimaba para acabar con un régimen instalado en España hacía siglos, Macià pensó que, interpretando los deseos del pueblo que lo había votado, podía seguir el dictado de su conciencia y actuar en consecuencia. Pues bien, los republicanos españoles, «cordialmente», le dijeron que no y, por lo tanto, la República catalana fue un experimento que solo duró tres días.
Información publicada en la página 11 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 16 de abril de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Para un político, dominar el tempo es fundamental. Saber cuándo tiene que hacer un planteamiento, cuándo debe tomar una iniciativa, cuándo tiene que proponer una acción, es el factor que acaba determinando su éxito o su fracaso. Ahora, 80 años después, sabemos que Macià quizá se precipitó con la República catalana, pero también sabemos que gracias a su osadía el autogobierno y la autonomía política dieron un salto adelante. Quizá es demasiado pronto para saber cuál será la efectividad del pressing independentista que hemos vivido estos días. ¿Servirá al menos para que algún día podamos votar de verdad y con todas las de la ley? Ojalá. Así sabríamos realmente dónde está y dónde quiere estar la ciudadanía de este país.