Emma Riverola
Escritora
Para desesperación de miles de padres, acabamos de descubrir que nuestros hijos han estado durante más de cuatro años desperdiciando cada día una hora de sus vidas. Resulta que esa sexta hora de clase que se añadió en primaria para equiparar la escuela pública y la concertada (donde ya estaba implantada) no ha servido de nada. Según la consellera de Ensenyament, Irene Rigau, su implantación no ha tenido incidencia alguna en el rendimiento ni en los resultados escolares.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 12 de abril de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Oímos esa terrible afirmación e, inmediatamente, miramos a nuestros hijos y nos preguntamos en qué habrán perdido el tiempo. ¿Se confabularon todos los profesores de la pública para no enseñar nada durante una hora diaria? ¿Fueron nuestros hijos de primaria unos precoces saboteadores? Ahora que disponemos de este análisis preclaro, ¿eliminarán también los centros concertados esa terrible pérdida de tiempo?
Aún nos quedan más cuestiones. La sexta hora sobrevivirá para aquellos alumnos que estén en riesgo de fracaso escolar. Volvemos a mirar a nuestro hijo. ¿Será él uno de ellos? ¿Cómo compaginaremos el horario laboral y ese posible vaivén? Y además, ¿cómo tendremos la seguridad de que, esta vez, la sexta hora sí va a ser productiva? Con tantos interrogantes sin respuesta convincente, cuesta creer que determinadas decisiones del Govern solo tienen como objetivo la búsqueda de la excelencia educativa.