Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Se acerca el mes de julio. Digo el nombre en catalán y pienso que suena como una hierba medicinal: juliol. Como poniol (poleo), que es bueno para el estómago. Vivimos una temporada en la que haremos muy bien en acudir a la ayuda de las hierbas. Tónicas y estimulantes. Porque estamos francamente decaídos y no sabemos de dónde sacar un poco de ánimo, de empuje. Si pudiéramos y quisiéramos digerir todas las calamidades que nos caen encima, con todo el poleo que hay en el país no tendríamos suficiente. No habrá, este mes, ni una dosis de fútbol, que es el jarabe que nos permite olvidar los dolores de cabeza del presente. Nos subirá el colesterol, si no tenemos al alcance la dosis necesaria de gol. La economía está infectada, y si hacemos vacaciones nos pasaremos el día en la montaña buscando desesperadamente timol, que es una hierba desinfectante. Antes teníamos un recurso para que no se nos infectaran las heridas, que era el alcohol. Pero ahora es imposible, la herida es demasiado extensa y demasiado profunda. Ahora haremos más o menos vacaciones, y mucha gente, con mucho o poco dinero, decidirá que ante la tormenta que se acerca lo más aconsejable es guardar unos días de dol (luto). Poniéndose, naturalmente, una buena crema protectora, la más poderosa, la que huela mejor. Pero vigilemos que no nos engañen, que no nos vendan la marca Rajol, porque aunque se haya hecho popular en todo el país, muchos testigos han demostrado que no ha pasado el necesario control. De calidad.
Información publicada en la página 12 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 28 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Claro que el presidente de la empresa Rajol no es el único introductor ni el publicitario de la fórmula, el único responsable de que la crema se haya vendido ya caducada e intoxicadora: se ha encontrado con un equipo de grandes emprendedores económicos, políticos y bancarios de primerísima categoría que estaban fabricando, desde hacía tiempo, una pasta que debía enfangarlo todo. Ha resultado que eran unos expertos en descubrir yacimientos de billetes. Un grupo de excelentes y avispados discípulos de aquel monarca castellano que -si no me equivoco- dijo, orgulloso: «En mis dominios no se pone el sol». Estos importantes personajes han conquistado muchos dominios. Pero algunos anunciaban que aquellos grandes castillos eran seguros, y ha resultado que lo que construían eran espectaculares palacios... de paja. Y la paja se quema y ha costado empobrecimiento y rabia. Esta indigestión colectiva no la podemos combatir con poleo.