Emma Riverola
Escritora
Después de meses de discusiones, presiones y acusaciones en despachos y medios de comunicación, ya tenemos un pacto fiscal aprobado en Catalunya. Un pacto abocado a estrellarse contra la mayoría absoluta del PP y la realidad de un país en quiebra.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El Gobierno de Artur Mas nunca quiso asumir que la penosa situación de las arcas de la Generalitat era, principalmente, causa del desplome de los ingresos. Prefirió convertirse en el adalid de la austeridad (la misma que está hiriendo de muerte a media Europa), acusar al anterior Ejecutivo de despilfarro y señalar el déficit fiscal como fuente de todos los males. De este modo, callaba a la oposición y construía un potente discurso soberanista -y economicista- sobre un agravio real. La realidad ha desnudado que la ausencia de planes de crecimiento no ha hecho más que agravar trágicamente la situación. Así, el mismo Gobierno que se enorgullece de haber extendido el sentimiento independentista se ve obligado a pedir al Estado español el rescate de Catalunya, a poner en juego su soberanía y a someterla al descrédito internacional. ¿Y ahora? ¿A dónde va la transición nacional con 42.000 millones de deuda que solo España puede financiar? En su viaje a Ítaca, el barco ha encallado en las rocas. Oh capitán, mi capitán, los pasajeros necesitan saber dónde están los buques salvavidas para no pensar que a la transición le sobran un par de letras.