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El congreso socialista

Tortuga o mariposa

Ni Chacón ni Rubalcaba tienen la menor intención de reformar ni corregir España

Viernes, 3 de febrero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Xavier Bru de Sala Escritor

Plutarco, el gran Plutarco, poseía una rara capacidad para retratar los perfiles de los hombres ilustres (además de ser uno de los primeros en destacar la capacidad política de las mujeres). Sus Vidas paralelas fueron durante siglos el manual de estudio de todos los futuros gobernantes y el libro de cabecera que acompañó a varios toda la vida. Si ha caído en cierto olvido no es porque su prosa haya dejado de ser amena, precisa e instructiva como pocas, sino, tal vez, porque los personajes de nuestro tiempo, de manera especial los gobernantes, han perdido no solo el coraje, sino la mayor parte de las virtudes e incluso el carácter que lucían los líderes griegos y romanos. Por ello, el tema de hoy no invita a hablar de las Vidas paralelas (tampoco de Los méritos de las mujeres), sino de los Consejos sobre política, que escribió a instancias de un joven que pretendía dedicarse a la cosa pública. Advierte Plutarco de que hay que evitar lanzarse a la política como a un pozo, por azar y sin una buena razón, y recomienda embarcarse en ella con serenidad, desde la preparación y el razonamiento, habiendo puesto como fin «el bien mismo». Unos se llevan el descrédito, los otros se mantienen animosos en circunstancias adversas.

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Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

No acabaremos de saber nunca por qué nuestros políticos se vuelven políticos, pero es cierto que la mayoría están en buena parte en política por azar. Ahora bien, una vez embarcados, añade Plutarco, la mayoría no suele tener más remedio que obedecer a quienes pretendían mandar, mientras que los otros quedan prisioneros de su poder. Se trata de ir subiendo como sea, de llegar arriba, sin ningún otro propósito que conquistar la cumbre, convertida en «el bien mismo». Para Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba, los programas cumplen la misma función que las piquetas clavadas por el escalador en la pared de piedra caliza, ayudar a subir con seguridad. Después, las piquetas se quedan allí olvidadas.

Si no cuentan, para desesperación de Plutarco y desgracia de todos, los programas, las ideas, los propósitos o el carácter de los contrincantes, ¿en qué se basan los delegados del PSOE para inclinarse por uno u otra? En las afinidades, los intereses y el cálculo. No sé si por este orden ni si los tres ingredientes de la elección se cocinan juntos o por separado en el cerebro de los electores, pero no me puedo imaginar otros. En todo grupo humano, las afinidades son la base de las relaciones. En el PSOE en particular, los dos candidatos polarizan lo que en términos simples podríamos llamar la vieja y la futura guardia, la disciplina, la tradición, la ortodoxia frente a la laxitud y la permeabilidad. Rubalcaba y sus afines están instalados. Chacón es sobre todo la candidata de los que se pretenden instalar. Con Chacón, aumentan las posibilidades para que las segundas y terceras filas del PSOE ocupen el lugar de los que se aferrarían a su poder con Rubalcaba. De ahí que Chacón interese más a los que menos tienen que perder con un relajamiento temporal de la autoridad central del PSOE, y esto incluye un buen número de federaciones territoriales. De entrada, más Chacón es menos Ferraz.

También el interés se retroalimenta con el cálculo. De entrada, el de los socialistas andaluces, que se ven un poco más lejos de la debacle si Griñán se hace la foto con Chacón que si tiene que soportar el rostro perdedor de Rubalcaba. ¿Acaso no perdió Chacón? Sí, pero ella en provincias (por mucho que duela, así lo ven) y él en España. Pero no es lo más importante. Lo que da una ventaja decisiva a Chacón es que Rubalcaba lleva la derrota escrita en el rostro. ¡Qué digo, escrita! ¡Grabada, tatuada, esculpida! Rubalcaba y la derrota son inseparables. Ni el bisturí más sibilino conseguiría despegarle la imagen de perdedor. Chacón tiene cara de acabar de llegar. Por supuesto, es corresponsable del desastre Zapatero, pero es joven. En la medida en que el pasado es una carga para el PSOE, Rubalcaba queda como aplastado por tanto peso negativo, mientras a Chacón le afecta mucho menos. En todo caso, es del todo inverosímil que Rubalcaba tenga expectativas. Solo tiene pasado, y mal visto.

Si algo parece seguro, es que antes de final de año el PP bajará en los sondeos y el PSOE subirá, por la crisis y por la sencilla razón de que uno no puede ir más arriba y el otro no puede bajar más. Chacón tendrá todos los defectos del mundo, y más a ojos de su rival, pero puede aprovechar los futuros sondeos como un cambio de tendencia. Rubalcaba, no. El activo de Rubalcaba es la cáscara antediluviana bajo la cual se refugiaría, inmutable y mudo, el PSOE, pero las tortugas son poco demoscópicas. Entre señorita Pepis y señorita Poppins, Chacón mariposea.

Ni el uno ni el otro, para volver a los Consejos de Plutarco (editorial Siruela) tienen la menor intención de hacer nada de provecho para España, y menos de reformarla y corregirla, que es de lo que se trataría según el viejo maestro. En cambio, esperarán que la crisis se eternice, que la gente se canse de Rajoy, que vuelva a votar al PSOE.

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