Con la designación de Paul Ryan como aspirante a vicepresidente, Mitt Romney ha cuadrado el ticket republicano de EEUU. Todo lo que no es o le falta al candidato a la presidencia lo es o lo tiene el representante por Wisconsin. Si el gobernador de Massachusetts ha tenido veleidades centristas en el pasado, Ryan siempre ha sido un ultraconservador de una pieza. A la indefinición de Romney sobre cuestiones fiscales -más allá de que hay que adelgazar el Estado-, el candidato a vicepresidente aporta un conocimiento y un estudio detalladísimos. También hay una cuestión de edad: Romney podría ser su padre. Y, desde el anuncio de la designación, la campaña del aspirante a la Casa Blanca ha recuperado empuje y atraído mayores contribuciones.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 16 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero si el ticket aparece muy compacto, lo que está en discusión y da excelentes argumentos a la campaña de Obama es el ultraconservadurismo fiscal y presupuestario que aporta Ryan, que es de los que creen que rebajar los impuestos a los ricos crea riqueza mientras que recortar los beneficios sociales ayuda a los pobres porque así se reduce su dependencia del Gobierno. El conservadurismo compasivo no está en su agenda. Todo lo contrario: lo que propone es una versión corregida y aumentada de lo que puso en práctica el dúo Bush-Cheney, y las consecuencias de aquel delirio neoconservador todavía son motivo de sufrimiento dentro y fuera de EEUU.