En 1979 Pink Floyd estrenaba The Wall, una de las obras más importantes del rock de todos los tiempos. Pink Floyd sacó mucho jugo. Película, millones de discos, etcétera. El protagonista de la historia, Pink, ha levantado una pared hecha a partir de sus frustraciones y traumas.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Cuenta la leyenda que el president Pujol, hace ya varios años, mejor dicho, algunas décadas, decía que él no podría saltar la pared, en sentido figurado claro, pero que acercaría al pueblo de Catalunya hasta sus pies. Hablaba evidentemente de la pared que nos impide acceder a la plena libertad, la pared que cualquier catalanista sueña con superar en algún momento de su vida. No sé qué tiene de leyenda urbana o realidad, pero me lo han explicado personas bien informadas y de toda solvencia. Y en cualquier caso, lo cierto es que el president Pujol cumplió con creces lo que había anunciado con su práctica política. Pero desde la transición hasta principios del siglo XXI la pared quedó inmóvil, asentada, sólida.
Eso sí, nos hemos acercado más que nunca en nuestra historia y hemos podido constatar que esta es más sólida, está más asentada y ha continuado creciendo, entre otras cosas porque los gobiernos catalanes de estos últimos años la han puesto a prueba en varias ocasiones. Paralelamente, en la sociedad catalana ha crecido la convicción de que la pared es hoy nuestro principal obstáculo y el más grave problema que tenemos sobre la mesa.
Pero hete aquí que al igual que el protagonista de The Wall alimentaba la pared a base de sus frustraciones y traumas, la pared a la que supuestamente hacía referencia el president Pujol también se ha consolidado gracias a las frustraciones y los traumas del pueblo de Catalunya.
El 2012 ha llevado al Partido Popular al Gobierno del Estado. Y, a pesar de las buenas palabras, las declaraciones de intenciones y la oferta permanente de diálogo, los hechos no hacen otra cosa que engrosar la pared. Los últimos ladrillos que la han ensanchado y la han hecho más alta tienen que ver con los aeropuertos, el anuncio del control de los presupuestos de las autonomías o la amenaza permanente y latente de armonizar el sistema educativo a partir de una ley de educación que vuelva a poner en riesgo el proceso de inmersión lingüística de Catalunya.
Porque, hablemos claro, el problema no es que el Gobierno suspenda el concurso sobre la privatización de AENA, que daría margen de gestión individualizada de El Prat. El problema es que la ministra de turno deja claro que nada de competencia entre El Prat y Barajas, y nada de descentralizar la gestión de los aeropuertos. España, en estas cuestiones, como siempre, «una, grande y libre», sin problemas ni complejos. Ellos parten de la fórmula radial, del centro hacia la periferia, pero nada sin el centro. La Puerta del Sol, Barajas y Atocha condicionan las principales infraestructuras viarias, de alta velocidad y aeroportuarias, o sea, las herramientas de progreso y desarrollo económico. Y aunque Madrid no tiene mar, la política de puertos apunta en la misma dirección.
Al sainete de los 759 millones de euros, que el Gobierno del Estado, incumpliendo una ley orgánica del mismo Estado, se negó a pagar en el 2011, y que a lo largo del 2012 nos pondrán los dientes largos con unas cuantas amenazas y si somos buenos niños algo caerá, se le debe añadir la advertencia del control presupuestario. El Parlament, según la forma que tome esta nueva LOAPA financiera, deberá aprobar un presupuesto que previamente necesitará del visto bueno correspondiente del Gobierno central. Unos cuantos ladrillos más en la pared. Más alta, más dura, más ancha.
Eso sí, en cada batacazo que el PP nos espeta como país, al final siempre añade, considerados como son, la cantinela del diálogo. Primero trompazo, y después anuncio de diálogo.
La crisis económica es grave y durísima, y ha puesto en evidencia, por si no estaba claro, que la idea de una España plural es imposible. Esto dibuja un escenario nuevo en España, donde todo tiene el mismo color político y un escenario nuevo en Catalunya, donde la situación es más dura que nunca, donde gobernar es más difícil y donde la generosidad es la gran asignatura pendiente del Gobierno. Y donde hacer de oposición se convierte en un complicado ejercicio que debe saber combinar lealtad al país, propuestas constructivas y denuncia de lo que no funciona, o sea, lo que nunca ha sabido hacer la oposición de este país.
La pared es más alta que nunca, más fuerte, más impenetrable, más dura. Pero al igual que el president Pujol nos acercó a la pared, este pueblo ha madurado lo suficiente como para plantearse dar el salto.
Volviendo a Pink Floyd y The Wall, el protagonista Pink debe enfrentarse a sus miedos, a sus obsesiones y sus manías. Un juicio simbólico le condena a derribar la pared y mostrarse tal y como es en el mundo. Finalmente es libre.
Catalunya necesita con urgencia saltar la pared, o derribarla, o lo que sea. Pero tenemos derecho, todo el derecho, a nuestra propia banda sonora. Expresidente del Parlament.