Emma Riverola
Escritora
Europa anda revuelta. Y esta vez no ha sido la deuda, la zozobra del euro o un rugido de Merkel lo que la ha revolucionado. Ha sido algo tan terrenal, común y corriente como un par de tetas. La mitad de la humanidad tiene tetas y la otra mitad ha comido de ellas, pero parece ser que su desnudez sigue siendo noticia. La duquesa de Cambridge, Kate Middleton, fue pillada por un paparazzo con los senos al descubierto en una residencia privada. A pesar de las presiones y demandas de la corona británica, el goteo de publicaciones de las fotos en varios medios europeos ha sido incesante. Que actualmente el toples de una mujer levante tantas ampollas en la realeza parece de una mojigatería supina. Todos imaginábamos que Kate tenía tetas. O quizá es eso. Precisamente eso. Su desnudez es tan prosaica que nada tiene que ver con las joyas, los trajes de raso y esa opulencia tan elegante y distante que suelen ostentar los soberanos, más parecida al espejismo de la fantasía que al duro y gris mundo real. En realidad, ¿qué es la monarquía sino una quimera que perpetúa la herencia de un privilegio?
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 19 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ayer, el rey Juan Carlos exhortó a los españoles a no perseguir quimeras. Su carta, trufada de valores y buenas palabras, mal disimulaba un prosaico «¿por qué no te callas?» al clamor independentista. Se pueden exigir muchas cosas, pero no que se deje de soñar. Al fin y al cabo, quizá es mejor perseguir quimeras que elefantes.