Xavier Bru de Sala
Escritor
A lo largo del último siglo, Catalunya ha sido noticia internacional muy pocas veces, y nunca para bien. La Setmana Tràgica y la muerte de Ferrer i Guàrdia. La intentona de Prats de Molló y el juicio del coronel Macià. Las graves desavenencias que desembocaron en la guerra civil. Más acá, alguna mención en artículos de fondo sobre la transición. Y poco más, si no me falla la memoria. Si alguien hiciera una recopilación de las veces que Catalunya ha sido noticia de portada en la prensa internacional en los últimos 50 años, tendría mucho trabajo para tan escaso resultado. En las últimas semanas, en cambio, proliferan las noticias, siempre en referencia al incremento de las tensiones internas en España y el pulso entre Barcelona y Madrid. En parte, son interesadas, en el sentido de que lo malo para España es malo para el euro y bueno para los enemigos de la moneda europea, pero a la vez reflejan una situación muy real. Empieza a abrirse paso la idea de que, caso único, Catalunya se encuentra a un paso de pedir el rescate a la España a la que subsidia fuertemente.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 03 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En paralelo, y no es comedia, Artur Mas y su equipo preparan el terreno para responder al portazo del Gobierno de Rajoy sobre el pacto fiscal, golpe doblado de asfixia económica y, por si fuera poco, de desprecio. Se impone por sí misma una convocatoria adelantada de elecciones. Si esta es la legislatura del pacto fiscal y, en vez de asumir la propuesta con el vientre blando y buenas palabras, el PP la rechaza de plano, la legislatura ha terminado. Comienza la segunda fase de la hoja de ruta soberanista, que consiste en la inclusión en el programa de CiU de cláusulas que permitan al Parlament tomar decisiones al margen del entramado jurídico español.
Por poco que en la próxima legislatura aumente el número de diputados de los grupos que acaban de votar a favor del pacto fiscal en su integridad (la votación ha sido como una prueba de resistencia o entrenamiento ante las que vendrán, de mucha más trascendencia), y todos los sondeos prevén incrementos no exiguos sino moderados, la próxima legislatura será la de la soberanía, en principio parcial. Se explicite más o menos -y la luminaria que se encuentra al frente el PP catalán se encargará de clarificarlo-, las próximas elecciones al Parlament serán refrendatarias y soberanistas, en el bien entendido de que la asunción parcial de soberanía significa la imposición de la voluntad democrática mayoritaria de los catalanes por encima de las leyes españolas, y abre la puerta, si el incremento de la tensión continúa, a la declaración unilateral de independencia.
¿No hay nada que hacer, aparte de manifestar que se está a favor o en contra? Está claro que el PP (pero también el PSOE, y de algún modo el PSC) puede interrumpir la hoja de ruta siempre que quiera. Subiendo aún más la tensión y buscando formas poco amables de imponerse. O bien rebajando la tensión a base de conceder y pactar. Esta segunda actitud es la que se reclamaría, llegado el caso, desde Catalunya de una manera casi unánime, empezando por el president Mas, que si no media un descalabro repetirá, y prosiguiendo por el sistema mediático catalán en bloque (que por si alguien aún no se ha dado cuenta, es más bloque que nunca y se contrapone más que nunca, y cada día, al bloque del sistema mediático de Madrid). O soberanía o pacto. O acuerdo o confrontación. La ventaja de CiU, Mas y Duran sobre los otros posibles aspirantes a liderar este proceso es que están dispuestos a mantener abierta la puerta del diálogo y el compromiso en todo momento. CiU es esencialmente pactista, quizá porque sospecha que la otra parte se negará a pactar. Pero si hay pacto no será desde la sumisión y el miedo, como en la transición democrática, sino a partir del reconocimiento de la legitimidad de las demandas catalanas.
Finalmente, y una vez manifestado el propósito de cambiar de tema, si la autoridad no lo impide en las próximas semanas habría que hacer referencia a una carta que Mas no ha jugado (Salmond sí) pero que en un futuro no muy lejano puede poner sobre la mesa: el pacto social. Iniciativa per Catalunya, con una sagacidad sorprendente, le ha puesto nombre y lo reclama con insistencia. Esquerra se sumará y tratará de tomar la delantera. Mas, si quiere seguir la hoja de ruta, lo aceptará con un mensaje tan nítido como imprescindible: la soberanía fiscal, y las que lo acompañen, es en beneficio de todos los catalanes, empezando por el último y acabando por el primero.
El presente está lleno de incertidumbres sobre Europa y el euro, en un escenario de fuertes interrogantes en la economía mundial. España y sus élites actúan de forma poco inteligente. Confían en la suerte y en la capacidad de imponerse, no en el talento y la flexibilidad. Tendrán que adquirir ambos si no se quieren ver obligadas a reclamar a Europa que no permita a los catalanes ejercer su voluntad democrática. Escritor.