Probablemente, la subida de los tipos del IVA es la medida del paquete anunciado por el presidente del Gobierno el miércoles en la que él mismo tiene menos fe. El desapego de Mariano Rajoy frente a sus propias decisiones, como admitió en el Congreso, tiene que ver con que se las han impuesto y con que su Gobierno no tiene libertad para buscar alternativas.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Es cierto que España está por debajo de muchos otros países en este impuesto, y es lógico que los del norte de Europa, que son contribuyentes netos, traten de obligar a los del sur a subir sus impuestos si quieren obtener ayudas. De lo contrario, serían países subsidiados, donde su población se esforzaría menos que la alemana o la finlandesa. Es un discurso que en España nos resulta familiar cuando se habla de la solidaridad entre las regiones, pero que es eminentemente político, no económico. Todo el mundo sabe que con la economía deprimida y el gasto de las familias por los suelos subir el impuesto que grava el consumo es contraproducente, pero el Gobierno lo ha terminado acatando porque es una de las condiciones impuestas desde Bruselas para apoyar a la banca española con problemas. Todos los sectores productivos y comerciales del país se han llevado las manos a la cabeza al conocer la noticia, que además genera no poca incertidumbre porque su implementación práctica -la fecha de la entrada en vigor se desconoce- no es nada sencilla, precisa de reetiquetado y de adaptación de los programas informáticos de facturación. Y eso para casi toda la actividad económica y para ponerse en marcha el mismo día. La experiencia demuestra, además, que el objetivo que se persigue no está asegurado, precisamente porque el aumento inhibe más el consumo y anula sus repercusiones a efectos recaudatorios. Lo vimos hace dos años con otra subida.
Sería precipitado tener en cuenta la reacción de ayer de la bolsa y los mercados, que no fue buena, para evaluar las medidas de Rajoy; se necesita más tiempo. Mientras tanto, ojalá que Bruselas, Berlín y Fráncfort hayan tomado nota de la disciplina y celeridad con que Madrid acata sus instrucciones, y el BCE intervenga en los mercados comprando deuda y aleje a los especuladores de los bonos españoles.