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Domingo, 12 de marzo del 2017

He seguido con mucho interés la polémica alrededor del enfrentamiento entre la periodista y presentadora Mercedes Milà y el profesor de Biotecnología, licenciado en Química y Doctor en Bioquímica y Biología Molecular José Miguel Mulet el pasado domingo en el programa que presento, 'Chester in Love'.

La he seguido por la cuenta que me trae, y en muchos casos por alusiones. En las redes sociales, la corriente más activa -o quizás debería decir reactiva- se ha organizado entorno a un 'hashtag', #YoSoyMulet. Lo he seguido atentamente y en silencio para poder escuchar y recoger todos los puntos de vista, y para así tomar perspectiva. Algo que me gusta hacer siempre que tiene que ver con mi trabajo, pues creo que es la única forma de ofrecer siempre la mejor versión de uno mismo. Prepararse, actuar, escuchar, reflexionar, modificar y volver a prepararse de nuevo.

Una semana después, creo que puedo decir la mía, que como todo el mundo sabe no significa necesariamente la verdad, sino simplemente eso, mi opinión. Sirva como una aportación más de alguien que estuvo allí cuando Mercedes llamó «gordo» a José Miguel.

Comencemos por lo obvio. Yo no soy Mulet. Ni Milà. Yo soy Mejide. Un tipo ni gordo ni flaco -vale, igual me sobran unos kilos- que presenta un programa de televisión llamado 'Chester in Love'. Me falta la experiencia de Milà y la sabiduría de Mulet. Por eso yo presento y ellos vienen como invitados. Y sí, por supuesto que me hago responsable de los contenidos que se acaban emitiendo, faltaría más. Si algo no gusta, seguramente, la culpa sea mía. Y si algo encanta, seguramente, será gracias al equipo de más de 50 personas que lo dan todo detrás de la cámara para que aquello luzca bonito y acabe siendo agradable de ver.

Lo que no me puedo hacer, ni me he hecho, ni me haré jamás responsable es de las opiniones de mis invitados. Para empezar, porque nunca sé lo que van a decir. Ahí radica la riqueza de un formato en que la conversación es real. Cruda. Descarnada. Sin guión. Sin pactos. Sin cortapisas. Sin líneas rojas. Yo mismo me sorprendo más de una vez asistiendo a lo que ocurre cuando ya es demasiado tarde, cuando ya ha ocurrido.

Pero es que además, creo fervientemente en la libertad de expresión. Creo que por eso trabajo en ese programa. Y creo que cada cual es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Así que no me vengan con que mi silencio otorga a uno u otro bando. Mi silencio -y en algunos casos mis interrupciones- son precisamente las que les lleva a decir las cosas que se dicen.

Yo soy Mejide. No soy Mulet. Ni Milà. Creo que el debate entre la ciencia y las llamadas pseudociencias o alternativas merece ser llevado a la tele. Por eso el doctor Mulet fue invitado por el programa. Y por eso le saqué el tema a Mercedes Milà. Para que lo discutiesen en prime time. Sinceramente, aún no he tenido experiencias personales al respecto, pero me interesaba mucho el tema, así que consideré que en este caso, lo mejor que podía hacer era sentarme, escuchar y aprender.

Si me lo preguntan a mí, creo que ambos se equivocaron. La Milà porque no creo que tuviera su mejor noche, entre otras cosas por agredir gratuitamente al ponente y echar mano de una falacia ad hominem para defender una presunta enzima prodigiosa. Eso no le ayudó ni a ella ni a los partidarios de dicha teoría. Y lo único que hizo fue darnos un momento televisivo, sí, pero del que nadie ha podido aprender nada.

Pero ojo porque el doctor Mulet también se equivocó no tanto en plató, sino días después, al declarar entre otras lindezas, que yo, Risto Mejide, «participé en su linchamiento». Querido doctor, a la tele -y ya no digamos al Chester- hay que venirse mayorcito como para defenderse solo. Usted dispuso del micrófono, de la cámara y del tiempo que quiso para hacerlo. Aunque lo peor no ha sido eso, lo peor ha sido que el doctor Mulet se haya comparado con las víctimas de 'bullying'. «Luego que no vengan haciendo programas sobre 'bullying'», ha soltado por su cuenta de Twitter. Entiendo que pretenda aprovechar el momento mediático, pero si alguien con su carrera y sus títulos y su experiencia se está comparando con niños que son acosados en un colegio, eso ya se me escapa. Si no es capaz de ver que el drama diario del acoso escolar no tiene nada que ver con que usted esté furioso por no haber dicho lo que quería en una discusión, yo le pediría que al menos no intente ahora tuitear aquello que le hubiera gustado decir. No intente arreglar como tuitero lo que no fue capaz de defender como invitado. Insisto, aunque suene a consejo, no es más que una sugerencia con forma de opinión.

Sin embargo, y pese a todo, en algo sí que coincido y es que como presentador del programa es cierto que no me puedo quedar ahí. La vida es ir cerrando carpetas. Pero bien cerradas.

Así que yo, que soy Mejide y no Mulet ni Milà, creo que los espectadores del 'Chester' merecen un debate de más altura, de más nivel. Creo que los dos son personas inteligentes que pueden dar ese nivel. Y creo que la inteligencia siempre merece una segunda oportunidad. Por eso, me gustaría invitarles a los dos a que tuviesen ese debate que nos faltó, a que se disculpasen públicamente si quieren, y que nos diesen los argumentos de uno y otro lado que nos hiciesen crecer como personas. Desde aquí les invito a hacerlo en la siguiente temporada del 'Chester'. Tienen mi mano tendida y las puertas del plató abiertas. Un plató que, por ahora, y por si no lo he dicho, cierra precisamente hoy, a las 21:30 en Cuatro.

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