Carles Campuzano
Diputado de CiU en el Congreso
En el encuentro de los consejos nacionales de UDC y CDC para proclamar a nuestros candidatos para el próximo 25 de noviembre, el 'president' Mas reiteró su compromiso de luchar contra la lacra que representa la persistentemente elevada tasa de riesgo de la pobreza existente en Catalunya, que afecta ya prácticamente a un 20% de los catalanes.
Dijo el 'president' Mas, y con razón, que esta es una patología especialmente grave, en la medida que incluso en las últimas etapas de crecimiento económico, gobernando por cierto los partidos del antiguo tripartito, la tasa de riesgo de pobreza se mantenía en niveles muy similares. La crisis ha empeorado la situación, como no podía ser de otra manera. Una tasa de paro del 22% tiene consecuencias desde esta perspectiva y una consolidación fiscal que nos impone la lógica ortodoxa que gobierna la eurozona agrava la situación.
En cualquier caso, afrontar el reto de reducir significament la tasa de riesgo de pobreza es de una magnitud considerable y exige reformas y cambios muy de fondo, que afectan al modelo productivo (tipo de trabajo, sueldos, negociación colectiva, diferencias salariales,...) y a la capacidad de redistribución a través de los impuestos. Y estas transformaciones solo son posibles con grandes acuerdos sociales y políticos. Algo podríamos aprender de los acuerdos de Wassenaar en Holanda en 1982 y que explican algunos de los éxitos de este país.
Y es que el indicador de la tasa de la pobreza expresa sobre todo el nivel de desigualdad existente en nuestra sociedad. Y la desigualdad es un problema. No solo en términos éticos y de deber social, sino también en términos de eficiencia económica y de impulso al crecimiento económico.
Una voz tan poco sospechosa desde una perspectiva promercado como la OCDE así lo puso de manifiesto hace unos meses. Y la semana pasada el semanario liberal 'The Economist', publicó un informe muy sugerente en esa misma dirección.
La desigualdad es un problema económico y social y, por tanto, político de primer nivel al que debemos enfrentarnos.
Es esta también una buena razón para el Estado propio. Una sociedad profundamente fragmentada por razones económicas no es nuestra aspiración.
Estos días, en el Reino Unido, el líder laborista Ed Miliband está citando al conservador Disraeli, cuando afirmó en el siglo XIX que "two nations between whom there is no intercourse and no sympathy; who are ignorant of each other's habits, thoughts and feelings, as if they were dwellers in different zones or inhabitants of different planets; who are formed by different breeding, are fed by different food, are ordered by different manners, and are not governed by the same laws".
Queremos ser un solo país, y esto tiene que ver con la distribución de la riqueza, la generación de oportunidades para todos y el buen funcionamiento del ascensor social.
"Desigualdades" de Wilkinson y Picket. ¡Muy recomendable!
@carlescampuzano