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Parece que han pasado años, pero esta escena del balcón tuvo lugar solo hace nueve meses. Cuarenta intensas semanas en las que España se ha convertido en el centro de atención del mundo y sus indicadores económicos se analizan al detalle.
Rajoy y su esposa, Elvira Fernández, saludan a sus seguidores desde el balcón de la calle Génova, la noche del pasado 20-N. EFE / DIEGO CRESPO
Rajoy y su esposa, Elvira Fernández, saludan a sus seguidores desde el balcón de la calle Génova, la noche del pasado 20-N. EFE / DIEGO CRESPO
Información publicada en la página 320 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 25 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Aquella noche del 20 de noviembre del 2011, los españoles entregaron su futuro a medio plazo al PP. Muchos ya lo habían hecho en las elecciones municipales, también en las autonómicas y solo les faltaba que Mariano Rajoy (Santiago de Compostela, 1955) alcanzara la Moncloa. El candidato popular superó el listón de su mentor, José María Aznar, en el 2000 y logró el mejor resultado de la historia del PP: casi 11 millones de votos y 186 escaños.
Aquella noche, el político gallego, por fin, al tercer intento, después de superar un calvario en sus propias filas, pudo salir al balcón de la calle de Génova de Madrid y celebrarlo. Lo hizo con contención. No hubo fiesta oficial y, en la séptima planta del edificio, donde el presidente del PP tiene su despacho, solo los amigos más íntimos y los visitantes más ilustres pudieron felicitarle y charlar un rato con él. Cuando el escrutinio ya estaba a la mitad y se vio que el PSOE se estaba hundiendo y el PP se asentaba en la mayoría absoluta, Rajoy se encerró para preparar un mensaje a la nación (está colgado en la web del PP). Impresiona leerlo ahora. El candidato y hoy presidente del Gobierno había logrado ser elegido sin desvelar su programa político y se limitó a hilar algunas ideas generales.
Rajoy dijo que era consciente de la «inmensa tarea» que tenía por delante y la obligación de solucionar «las situaciones más difíciles». Mencionó a los parados, a los pequeños empresarios, a los pensionistas y a los enfermos. «Que nadie tenga duda de que todo lo que humanamente se puede hacer por mejorar su situación, lo vamos a hacer. Y pensaremos en ellos antes que en nadie a la hora de tomar decisiones», aseguró. La hemeroteca siempre es cruel, para todos. Rajoy no podría volver a pronunciar esas palabras. El hachazo que su Gobierno ha dado al Estado del bienestar se ha cebado con esos cuatro colectivos.
DÉBIL ANTE SUS SOCIOS. Tampoco podría repetir la reflexión que hizo sobre la necesidad de recuperar «el orgullo» de ser español y que «la voz española» sea respetada de nuevo «en Bruselas, en Fráncfort [sede del Banco Central Europeo]». Ahora, con los bancos rescatados y con una segunda petición de ayuda sobre la mesa, el Ejecutivo tiene menos fuerza que nunca para hablar con sus socios. Y solo han pasado nueve meses...