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Xavier Ginesta

EL DEVENIR DE CATALUNYA

Xavier Ginesta

Periodista y profesor de la Universitat de Vic

Soberania, dialéctica y fisuras

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Jueves, 24 de enero del 2013

"Catalunya soberana". De esta manera titulaban algunos digitales la noticia momentos después de que 85 diputados del Parlament dieran su 'sí' a la declaración de soberanía que CiU, ERC e ICV-EUiA presentaron al pleno de la cámara. El primer reto de la triple alianza (CDC, UDC y ERC) ha sido alcanzado, a pesar dejar por el camino a un PSC que le cuesta entender que sus propias bases le piden flexibilidad en el debate del derecho a decidir y no poder sumar un voto afirmativo rotundo de la CUP-AE, que solo ha prestado uno de sus diputados en el grupo que defendía la propuesta. Los otros dos se han abstenido como crítica a un proceso poco transparente durante la negociación, a la no inclusión del término "Països Catalans" a la declaración y a la referencia clara a seguir los principios de la UE. Con todo, algunas consideraciones más analíticas.

Joan Herrera, Artur Mas y Oriol Junqueras, el miércoles, tras la aprobación de la declaración soberanista en el Parlament. TONI ALBIR | EFE

Primero. Es indiscutible el momento histórico que ha vivido el país esta semana, que después de 300 años recupera la soberanía perdida por un proceso de asimilación al estilo jacobino. En este escenario, Catalunya ha hecho un camino hacia la modernidad democrática, siguiendo la estela de lo que el derecho comparado aporta en el análisis del problema del encaje. Decía la Corte Suprema de Canadá, en 1998, en relación al referendo de Quebec (1995): "Un sistema de gobierno no solo sobrevive a través del respeto a la legislación vigente. Un sistema de gobierno debe tener legitimidad, y en nuestra cultura política, esto requiere la interacción entre el Estado de derecho y el principio democrático. El sistema debe ser capaz de reflejar las aspiraciones del pueblo". Amarrar la Constitución como única y válida respuesta a los problemas políticos planteados no tiene sentido hoy en día.

Segundo. A pesar de la aureola de 'perroflautas' que algunos partidos y 'todólogos' de las tertulias han intentado dibujar en los 'cupaires', el discurso de Quim Arrufat en el Parlament ha seguido la estela de lo que hizo David Fernàndez el día de la investidura. Coherencia con sus votantes, pero capacidad de adaptación a las dinámicas que genera la anquilosada vida política catalana y el tortuoso proceso de autodeterminación que nos viene por delante. Ha sido suave en las formas, duro en el fondo. Los 'cupaires' cada día están más cómodos en la tribuna. Lástima de su independentismo utópico.

Tercero. El proceso de autodeterminación del país puede dejar cadáveres por el camino y reestructurar totalmente el mapa político legado de la transición. Lo ha puesto de manifiesto la pugna entre la CDC de Barcelona y el comité de gobierno de Unió durante las últimas horas --si todo sigue igual, Artur Mas tendrá que afrontar más situaciones de este tipo-- y la disidencia de cinco diputados del PSC que finalmente no han votado discrepando de la disciplina de voto marcada por Pere Navarro, el 'no'. El sector periodísticamente llamado catalanista ha quedado delimitado (y bien reducido): Àngel Ros, Marina Geli, Rocio Martínez-Sampere, Núria Ventura y Joan Ignasi Elena. Desde fuera del hemiciclo, los 'exconsellers' Joaquim Nadal y Montserrat Tura decían la suya en las horas previas. La afirmación que escribí en un artículo el pasado 11 de septiembre ya no sé si se aguanta, seguramente muy poco: "El PSC no va a la deriva, pero la deriva que lleva es ciertamente complicada".

Cuarto. Lo que diré ahora no es superficial, aunque pueda parecerlo: Oriol Junqueras aprovecha cada pleno para iluminar intelectualmente a la audiencia. Esta vez le ha tocado a Voltaire, en respuesta a Alicia Sánchez-Camacho: "No estoy de acuerdo con lo que usted me dice, pero haré todo lo posible para que usted lo pueda decir". En momentos de crispación como estos, de desengaño y de cuentas en Suiza hacen falta estos pequeños instantes para entender que la regeneración del arco parlamentario es posible y puede ser positiva. Me gusta pensar que hay intelectuales en el Parlament, esté de acuerdo o no con ellos.

Quinto (y último). ¿Hacía falta el plantón de los diputados del PP mientras estaba la votación? Tengo la sensación de que el PP se encuentra bien en este escenario de crispación. La esgrima parlamentaria es un deporte entrenado y practicado por Alicia, y le permite ir a la capital haciendo gala de 'seny' catalán y pragmatismo entre sus afines. En Madrid, y me reafirmo en ello tras toparme en la noche del miércoles con un programa de 13TV --canal controlado por la Conferencia Episcopal y donde el presentador era más talibán que los propios invitados--, aunque debe ser de las moderadas. Qué miedo.

http://in.directe.cat/

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