Todos los personajes que pasaron ayer y el martes por el Congreso para hablar de Bankia, y de otras cajas que han precisado ayudas públicas, han coincidido en su intento de salvar su gestión al frente de las responsabilidades que tenían en el momento del desastre. No solo era esperable, sino inevitable. El formato de las comparecencias, en la Comisión de Economía del Congreso, era determinante. Se trata del escenario habitual cuando los ministros o los cargos institucionales dan explicaciones en el Parlamento, pero está muy lejos de lo que podríamos entender como una investigación, incluso una aclaración. Las resistencias iniciales del PP se superaron con esta fórmula, que como se vio el martes y, sobre todo, ayer descafeina los testimonios.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No se trata de reclamar un trato más duro para quienes pasan por la comisión, sino subrayar que son personalidades a las que se ha invitado a visitar el Congreso precisamente por su participación directísima desde el Gobierno, el Banco de España o las cajas que han precisado enormes ayudas del Estado. Todos echaron pelotas fuera, ninguno admitió la más mínima responsabilidad en lo sucedido y en algunos casos -lo hizo Miguel Ángel Fernández Ordóñez el martes y Rodrigo Rato ayer- se culpó a otras personas o instituciones de lo sucedido.
El testimonio más esperado era el del exvicepresidente del Gobierno. Rato, cuya gestión había sido defendida por el exgobernador del Banco de España, responsabilizó a este de la integración de Bancaja en Caja Madrid. Y, aunque no criticó al Gobierno del PP, partido que ayer le arropó como si acudiera a un combate de boxeo, sí destacó como uno de los problemas más importantes de Caja Madrid la exigencia gubernamental de que se recapitalizara. De la misma manera, dijo haber dimitido cuando el Ministerio de Economía no aceptó su plan de saneamiento. Unos argumentos equidistantes, neutros, evitando el choque frontal con su sucesor, José Ignacio Goirigolzarri, y con la desastrosa voladura de Bankia que éste y Luis de Guindos han pilotado. Rato pudo moverse en este terreno, como si él solo hubiera pasado por allí, gracias a un formato de comparecencia más parecido a un paseo que a una rendición de cuentas.