Justo el día en que el Gobierno de Artur Mas saca adelante los presupuestos de la mano de Alicia Sánchez-Camacho, la ministra Ana Pastor anuncia que vuelve a incluir el oneroso corredor central como eje principal en su nueva propuesta para la red europea de transportes. Ni las arcas españolas ni las comunitarias están para raptos de locura, así que parece poco probable la viabilidad del proyecto. «No podemos dar prioridad a ningún territorio frente a otro», recalcó Pastor. Y quizá ese sí era el mensaje. Que nadie se crea diferente. Nadie. Y lo cierto es que en Catalunya cada vez vamos a serlo menos. En todos los sentidos. Menos capacidad para salir adelante, menos igualdad entre sus ciudadanos y menos identidad. Con el aeropuerto de El Prat castigado a la liga regional; con más de un año de austeridad que ya está colapsando la sanidad y ha resultado premiado por Moody's situándonos al borde del bono basura; con el recorte publicitario a TV-3 (o, lo que es lo mismo, la condena a la inviabilidad) y el aplauso de CiU a una bárbara reforma laboral que sitúa a millones de trabajadores bajo la espada de Damocles, solo cabe preguntarse para qué Catalunya trabaja su Gobierno. Un Ejecutivo que no duda en repartir etiquetas de buen o mal catalán para descalificar a la oposición, pero que día tras día desdeña su mano tendida y elige caminar junto a los que cercenan nuestro horizonte.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)