La presión de ciertos círculos de poder y de opinión sobre Alfredo Pérez Rubalcaba para que pacte con Mariano Rajoy se está acentuando ante el riesgo de una intervención total de nuestra economía. Los que han justificado como necesaria la escalada brutal de recortes de derechos sociales que ha aprobado entre aplausos la derecha quieren ahora que los socialistas legitimemos los próximos pasos y que actuemos de colchón del PP en la calle.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 08 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pues va a ser que no. Porque supondría otra ceremonia de la confusión para la indignada, descreída y sufrida ciudadanía. Es más, me atrevo a decir que sería la puntilla para la crisis política que vivimos en España. Se olvida que Rubalcaba ya ha reiterado a Rajoy una oferta de diálogo para afrontar, con más inteligencia y justicia, la crisis y sus consecuencias. Y su respuesta ha sido el desprecio, la prepotencia y el acoso al PSOE. No obstante, parece que un cierto acuerdo ya existe para aquellas cuestiones relacionadas con las posiciones que España debe mantener ante Angela Merkel, la UE y la troika comunitaria. Por la misma senda, eso sí, que Mario Monti y François Hollande.
No confundamos; la actitud del PSOE viene siendo la de una oposición responsable, constructiva y leal a los intereses generales. Porque sabemos que el necesario combate contra la crisis exige medidas de austeridad y sacrificios. Pero han de ser explicadas con la verdad, debatidas con transparencia dentro y fuera del Parlamento e ir acompañadas de contrapartidas para que no se conviertan en inmorales ni provoquen más paro.
El mismo sentido de responsabilidad con el que debería gestionarse la economía del país y deberían abordarse las reformas estructurales precisas para favorecer el crecimiento en clave de sostenibilidad y competitividad me lleva a defender cuatro principios que han de constituir el programa mínimo del PSOE frente a la crisis. Un programa destinado a combatir las peores consecuencias de esa crisis desde posiciones que se identifiquen con otra forma de responder a ella, aprendiendo de los errores y de las carencias que tuvimos en el Gobierno.
1. La lucha contra la crisis y por la recuperación del papel de la política requiere diálogo, compromisos y acuerdos de alcance multipartidista y multisectorial. Un pacto bilateral del PSOE con Rajoy no sería ninguna garantía para el país en esta coyuntura. El reto consiste en alcanzar una concertación básica que permita desde la corresponsabilidad una gobernanza abierta y participativa, incorporando a las fuerzas políticas, empresariales, mundo cultural, agentes y movimientos sociales, unidos en torno a la construcción de un proyecto que persiga una democracia de calidad y un crecimiento sostenible y solidario.Toda una apuesta por la transformación del país.
2. La mayoría social no es la causante de la crisis y el Estado no puede dejar abandonada a la población más indefensa. Esto exige un plan de solidaridad que garantice el blindaje de la población que vive en riesgo de exclusión social para que los colectivos que la integran tengan sus mínimos vitales cubiertos. Es el caso de los desempleados sin prestación que van a quedarse sin la prórroga de la ayuda básica de 400 euros, las unidades familiares en paro que cuentan con una prestación insuficiente, los desahuciados en paro, las personas con dependencia o discapacidad y los pensionistas que no puedan soportar el copago sanitario u otros recortes.
3. Es exigible al Gobierno un reparto más justo y equilibrado de los sacrificios. La mayor parte de la factura de la austeridad, la corrección del déficit público y las pérdidas de las entidades bancarias nacionalizadas no la debe pagar la ciudadanía más humilde y las clases medias, mientras las familias de mayor renta escapan al control de Hacienda y el mundo inmobiliario y los directivos de bancos y cajas se van de rositas. Razones de justicia hacen necesarias medidas fiscales como un impuesto sobre las grandes fortunas, la mayor progresividad del IRPF, el impuesto sobre el patrimonio y la lucha contra el fraude y la evasión fiscal.
4. La crisis se combate desde la transparencia y con un funcionamiento ejemplar del Estado de derecho que permita la regeneración democrática de sus instituciones. De ahí que las medidas de Rajoy no puedan ser fruto de la imposición, con ausencia de diálogo en el Parlamento y ante los agentes sociales y con engaños a la ciudadanía. El PSOE ha de liderar la defensa, sin concesiones, de un programa de actuaciones democráticas para favorecer la lucha contra la corrupción y una investigación rigurosa por el Parlamento para depurar responsabilidades por los casos de fraude o mala administración en Bankia y otras cajas.
Estos cuatro principios son incuestionables para un PSOE que asuma un papel transformador en su diálogo con el Gobierno. Y dispuesto a implicar a todas las partes en la búsqueda de soluciones para sacar del agujero al país y rescatar a la ciudadanía de todo sufrimiento si no incorpora un futuro de esperanza. Diputado socialista por Guipúzcoa.