El principio abrazado por la Unión Europea (UE) es la creación de una economía basada en el conocimiento para poder competir fuera de sus fronteras. El recorte de 600 millones de euros en investigación científica y tecnológica, decretado por el Gobierno de Mariano Rajoy, pone palos a las ruedas de este objetivo, vinculado a la recuperación económica, e impide el acercamiento español a los estándares de los miembros mejor situados en la UE.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 21 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los países intervenidos o en situaciones difíciles gastan en ciencia por debajo del 2% de su PIB. España se sitúa en el 1,39%, y Catalunya, en el 1,63%. Las consecuencias de los recortes anunciados no solo tendrán un impacto en los investigadores, cuya contratación disminuirá drásticamente, sino en el sistema científico general. El efecto, además, se verá con mayor intensidad a medida que pase el tiempo, dado que este sector sensible no puede tampoco permitirse el lujo de mantenerse en una posición de espera. El parón en la investigación tendrá también repercusión en las empresas, así como en el prestigio de las universidades.
La situación ha provocado la alarma entre los científicos. Los recursos para pagar sus salarios sufrirán una poda, aunque los que dependen directamente de la Administración catalana pueden resultar menos afectados. El hecho de que a la Direcció General de Recerca solo se le recorte un 1,8% es una buena noticia. Una de las grandes incógnitas en Catalunya es saber la situación en la que podrán contratar las universidades, donde se genera la mayoría de la investigación. Pero el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), productor base de la ciencia, recibirá uno de los mayores golpes presupuestarios y deberá acogerse a la contratación cero anunciada por el Gobierno como el resto de organismos públicos.
El impacto en el sistema científico afectará, de forma especial, a investigadores formados y reconocidos en el extranjero, que no hallan hueco aquí. Estas fugas de cerebros repercutirán directamente en el Programa Ramón y Cajal, que se creó en el 2001 precisamente para recuperar el talento que había emigrado. Se vislumbra otro regreso al pasado.