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Gente corriente

Figurinista. Las prendas que maltrata y envejece recrean el Madrid esperpéntico de Valle-Inclán en 'Luces de Bohemia'.

«Romper ropa es una descarga de adrenalina»

Martes, 21 de febrero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
KRISTINA RODEMANN

De pequeña no dibujaba, no diseñaba, ni sabía coser, pero hoy Nídia Tusal (Barcelona, 1983) es de las pocas figurinistas jóvenes de Barcelona. Acaba de estrenar Luces de Bohemia en Madrid bajo el mando de Lluís Homar y el escenógrafo Lluc Castells. Su misión: buscar, escoger, componer y destrozar el vestuario para retratar el Madrid turbio de 1924.

AGUSTÍN CATALÁN

AGUSTÍN CATALÁN

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Información publicada en la página 60 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 21 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-¿Dónde aprendió a envejecer ropa?

-A ver, esto no se estudia en ningún lugar, es sentido común. Me paro y pienso: ¿quién es este personaje? Siempre que aparece en escena está tirado por el suelo, es un borracho, quizá duerma en la calle... pues tendrá las rodillas y los codos gastados, el cuello sucio...

-¿Herramientas de trabajo?

-Papel de lija. También tengo unos cepillos con púas metálicas, porque es muy distinto rascar que cortar con tijeras. Cuando he rascado unas 50 veces para hacer un agujero, da más realidad.

-Suena divertido.

-Esto de romper ropa es una descarga de adrenalina que va muy bien. Cuando llevas 16 chaquetas ya cansa, pero yo voy haciéndome mis películas: pues mira, aquí tiene una mancha de barro porque el hombre tropezó y se cayó en un charco... Al final el personaje no es solo el actor que lo encarna, lo construimos entre todos.

-¿Por qué machacar tanto la ropa?

-Estamos trabajando con un hiperrealismo casi cinematográfico, es una apuesta del director. Y, bueno, la obra habla del recorrido del poeta Max Estrella por el Madrid oscuro de los años 20, de las tabernas, de la noche, de las prostitutas.

-¿Hiperrealismo?

-Quiere decir que hasta el mínimo detalle de la época está contemplado. Desde las suelas de los zapatos, que no pueden ser de plástico, hasta las gafas, que deben tener el mismo cristal de entonces.

-Esto sí que requiere estudios.

-Estuvimos dos meses documentándonos sobre la época a través de periódicos y libros de fotografías.

-Fotos... en blanco y negro.

-Sí, una de las tareas más difíciles ha sido decidir el color. Por suerte, Valle-Inclán nos ha dejado algunas pistas. Lo demás ha corrido de nuestra imaginación.

-¿Qué tipo de pistas?

-El texto es muy descriptivo, pero hemos tenido que buscar palabras raras de la época que ya no se usan. La peluca de estopa, el quepis, los quevedos, o la escarapela, por ejemplo.

-¿Qué es una escarapela?

-Es una pieza decorativa de la chistera que llevaban algunos conductores de coche fúnebre. Cada casa tenía una insignia distinta, sería como llevar el nombre de la empresa en la gorra.

-Con la crisis habrá menos presupuesto para el vestuario.

-Te obliga a ir más allá, romperte un poco la cabeza. Pero me siento mucho más cómoda así. Cuando te levantan la veda y puedes confeccionar todo lo que quieras es muy fácil como diseñador, pero llega un punto que es una exageración. Un poco como tener la mesa llena de comida pero no poder terminarte ni tres gambas.

-Para esta obra se ha alquilado la ropa.

-Soy muy partidaria del reciclaje, pero es verdad que esto en tiempo de bonanza ni se hubiese planteado. Se hubiesen comprado los tejidos y confeccionado todo a medida. Estamos hablando de millones... es mucho dinero.

-Hay que tener mucha mano izquierda para encasquetarle una chepa o un barrigón a un actor, ¿no?

-Siempre hay quien dice que sí a la primera, y luego hay quien no, porque tiene sus complejos o por lo que sea. Todos tenemos nuestras cosas y nos vestimos de una manera por algo, hay que ir pactando.

-¿A usted le gusta disfrazarse?

-He probado de estar al otro lado, de actuar, y sé que sin máscara soy incapaz de salir yo, como Nídia, vestida como voy... imposible. Es como el payaso: un actor se pone la nariz roja y en un momento le cambia todo.

-Para vivir de esto, ¿hay que irse a Madrid?

-Eso dicen. Últimamente estoy comprobando que sí. También es cierto que en Madrid todo es más grande. Pero si hay suerte y hay trabajo continuo, de todos modos cada tres meses cambio de casa y de familia. El día del estreno yo me voy. Es el parto y me voy.

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