-Siempre he estado implicada en cosas políticas. Soy hija de un exiliado español que tuvo que marchar con toda su familia a Canadá, crecí en una casa de izquierdas y básicamente no hay causa perdida en la que no haya estado: feminismo, sindicalismo... Todo. No lo hago tanto para cambiar el mundo como para que el mundo no me cambie a mí. Por eso estoy tan bien en el 15-M, porque son personas que tienen todas el mismo espíritu antiautoritario que tengo yo. Y, además, estoy convencida de que luchar contra la injusticia es bueno para la salud. Te da vida.
Información publicada en la página 80 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Su salud. Hablemos de su salud. Del síndrome de fatiga crónica.
-Un nombre tonto y ridículo para una enfermedad extrema, ¿no cree? Fatiga. ¡Si yo a veces siento que me muero! Cuando me lo explicaron, cuando finalmente me dieron un diagnóstico y me dijeron el nombre de lo que padecía, no lo podía creer.
-¿Finalmente?
-Tardaron seis años en explicarme lo que tenía. Por el camino me dijeron de todo, que no tenía nada, que era una vaga, que me fuera a casa y descansara. ¡Pero eso no es nada! Hay mujeres a las que les dicen que están locas, o que están mal folladas, cosas increíbles. Yo tengo formación en enfermería y toda la vida he estado metida en temas de salud y mujeres, he trabajado mucho por el derecho al aborto y en general para que se dejara de abusar de las mujeres, en todos los sentidos, y ahora, con esta enfermedad, me he tenido que volver a encontrar con mujeres que han sufrido abusos. Porque abuso es que te digan mal follada cuando tú lo que estás es extremadamente enferma.
-Me da la impresión de que es todo menos una enferma pasiva.
-Sí, sí, todo. La lucha es parte de mi personalidad. Llevo años presidiendo la Liga Síndrome de Fatiga Crónica, intentando que la enfermedad entre en el sistema público. ¡Porque por la pública no te tratan! Yo me trato por la privada, y suerte que puedo. ¿Sabe qué? Entre otras cosas, yo me considero una susurradora de rebeldía: todo el tiempo estoy intentando que la gente, los enfermos, se pongan en pie de guerra. El problema es que tenemos unos políticos impresentables, que no están por la labor.
-Cuénteme qué se siente. Descríbame la enfermedad.
-Es un trancazo para toda la vida. Una gripe de las peores que te dura para siempre, con fiebre, con cansancio, con mal cuerpo. Mi mejor hora es la primera hora del día, porque a partir del momento en que abro los ojos, todo empieza a ir a peor.
-Me parece terrible, sin duda. Ahora me gustaría hablar un poco más de su activismo. Cuénteme cómo llegó al 15-M, por favor.
-¡Uy! Pues me fui a la plaza de Catalunya. Me llamaban la señora de la sillita, porque no podía estar de pie y siempre llevaba una silla. Me presenté en la comisión de sanidad y les dije que quería ayudar, y desde entonces he hecho muchas cosas, o las que me permite la energía que tengo.
-¿Como qué?
-Pues por ejemplo: para el Grupo de Defensa de la Sanidad Pública organizo charlas para explicar en qué consiste la privatización de la sanidad, y por qué quieren llevarla a cabo. O escribo, he escrito varias cosas: textos sobre por qué el neoliberalismo está haciendo lo que está haciendo, qué es el neoliberalismo, por qué estamos en contra de los recortes...
-Pero, con su enfermedad, ¿puede asistir a las reuniones?
-Casi nunca. Yo la revolución la hago desde mi casa, a través de internet. Cuando alguna vez tengo fuerzas para ir a una reunión llego con la siguiente broma: «Hola, me llamo Clara y lo hago todo desde la cama». Y todos se quedan: «Uy, esta tía...» O también, como hay mucho intercambio de mensajes, si recibo un SMS de aquellos que dicen: «Fulanita, enviado desde mi Blackberry», yo respondo: «Clara, enviado desde mi cama». Pero estoy en cuerpo y alma.
-Ya sé que ha luchado toda la vida, pero, ¿qué le atrae del 15-M?
-Me gusta haber encontrado personas que quieren construir otra sociedad. No solo luchar contra algo, sino hacer algo nuevo. Y quiero que me inspiren, que me cambien. Como no tengo energía en el cuerpo, necesito cosas de fuera que me seduzcan totalmente, y el 15-M es una de ellas.
-¿Y las otras?
-¿Las otras? La puesta de sol, por ejemplo, que tengo la suerte de poder ver desde aquí, desde mi piso, cada día. O ese árbol que tengo en la terraza, que puedo quedarme mirándolo durante horas, maravillada. Me ilusiono por cosas que la gente no ve, o piensan que son una chorrada.
-Qué suerte.
-¿Usted cree? Sí, es una suerte.