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Los jueves, economía

Rescate sí, rescate no

El BCE se reúne bajo el signo de la división sobre la compra de deuda española e italiana a corto plazo

Jueves, 6 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOSEP OLIVER ALONSO

Hoy, 6 de septiembre del 2012, quizá se decida nuestro futuro inmediato. Hoy, el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) discutirá si hace caso a su presidente, Mario Draghi, y permite la compra masiva de deuda española e italiana a corto plazo. O si, por el contrario, va a ganar el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, totalmente opuesto a estas intervenciones. La apuesta es la más importante que haya enfrentado el área del euro en los últimos años. Algunos elementos, que sitúan su extraordinaria complejidad e importancia, pueden resumirse como sigue.

LEONARD BEARD

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-Primero. La posición alemana. Weidmann no está solo en su oposición a la compra de deuda por el BCE. Angela Merkel y Wolfgang Schäuble, su ministro de Finanzas, tampoco ven con buenos ojos esa intervención, dado que se salta la prohibición de que el BCE financie déficits públicos. Y dentro de la coalición que hoy gobierna Alemania, tanto la CSU bávara como los liberales tampoco están por la labor. Ello refleja un amplio consenso entre el electorado alemán, contrario al rescate del Sur, aunque las autoridades alemanas hayan ya avalado cerca de un billón de euros. La posición del Bundesbank es tan contraria a la propuesta de Draghi que Weidmann ha avanzado que si Merkel cede, él dimite, como hizo ya en el 2010 su antecesor, Axel Weber. Entonces el rifirrafe fue por las adquisiciones de deuda griega. Nada que ver con el volumen de lo que ahora se contempla.

-Segundo. La posición de otros países del centro y norte de Europa. Ahí existen diferencias con Alemania, al menos por las autoridades de Austria, Holanda e, incluso, Finlandia, que estarían por buscar flexibilidad en las ayudas a Italia y España. Aunque no hay que echar en saco roto que sus opiniones públicas se oponen mayoritariamente a ese apoyo. Para muestra, el botón de los programas electorales del Partido Socialista holandés, de la izquierda radical de Emile Roemer o de Geert Wilders, que ha sustituido su posición antiinmigratoria por la demanda de salida del euro.

-Tercero. La presión de EEUU y Gran Bretaña sobre el Bundesbank para que cambie de posición. Dados los problemas por los que atraviesan ambas economías, y el riesgo de que, si la crisis en Europa se agudiza, la economía global entre en una nueva recesión, su petición de flexibilidad a Weidmann refleja sus propias necesidades.

-Cuarto. Las demandas de España e Italia, expulsadas de los mercados y necesitadas de refinanciaciones muy importantes los próximos años. España ha de financiar más de 200.000 millones de euros desde ahora y hasta el 2014, y la deuda pública italiana, por un importe cercano a los dos billones de euros, tiene una maduración en torno a seis o siete años, lo que implica que anualmente debe conseguir otros 300.000 millones. Mariano Rajoy y Mario Monti han encontrado en François Hollande un importante socio, dada la necesidad alemana de avanzar conjuntamente con Francia, que avala las peticiones del Club Med.

-Quinto. El cambio de rumbo en los procesos de ajuste. Tras la posición alemana se esconde la tesis de que, si los mercados no presionan, los países del Sur no efectuarán las reformas necesarias, Así, para que existan ayudas tiene que haber compromisos anteriores y, en especial, confianza en que se respetarán. En todo caso, si acaba triunfando la posición de Draghi, los condicionantes que el BCE exigirá tendrán un carácter tan coactivo que es lo que echa para atrás a Luis de Guindos y Rajoy a la hora de pedir el rescate.

Todo lo anterior se complica si se considera, finalmente, la dualidad de posiciones entre la visión de unos Estados Unidos de Europa, defendida por Alemania, y una UE menos trabada políticamente, que abanderan Francia y por descontado Gran Bretaña, y a la que se suman España e Italia.

La situación es compleja. Y aún se agudiza cuando se comienza a hablar del «cuarto Reich» para referirse a la agenda de Merkel. Por no hablar de la radicalización política que podría tener lugar en Alemania si se tensa la cuerda en exceso. El Gobierno alemán ha puesto ya sobre el tapete garantías equivalentes a un 30% de su PIB. Que quiera exigir estrictas garantías parece adecuado. Y ya veremos la sentencia del Tribunal Constitucional de Karslruhe sobre el Fondo de Estabilidad. Mucho me temo que el alto tribunal ponga pie en la pared y lo apruebe con tantas reservas que ir más allá sea imposible. Ello significaría que, para avanzar en la ayuda a España o Italia, habría que modificar la Constitución alemana, quizá con un referendo, como la misma Merkel ha sugerido tímidamente. Pero esto implica abrir la caja de los truenos. En Holanda y Francia, en el 2005, la consulta sobre la Constitución europea fracasó estrepitosamente.

En suma, tiempos difíciles, pero no solo para España. Estamos redefiniendo la Europa del futuro y, para bien o para mal, este proceso puede terminar con la implosión del euro y de la UE o avanzar hacia unos estados unidos de Europa. Dependerá de todos.Catedrático de Economía Aplicada (UAB).

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