Hace una década, un alto cargo del Gobierno del PP, en distendida charla, deslizaba esta reflexión: «En este país existe un pacto tácito: los avances en materia de derechos sociales se producen siempre con gobiernos de izquierdas, pero cuando la derecha llega al poder, si es inteligente, respeta las leyes aprobadas». El dirigente popular que así se expresaba en el 2002 ignoraba las responsabilidades que el futuro le depararía. Aún faltaba un año para que Mariano Rajoy fuera ungido como sucesor.
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El hoy presidente del Gobierno, sin embargo, ha puesto en marcha un ambicioso paquete de reformas legislativas que contradice el moderantismo del que hizo gala en campaña. La cadena perpetua revisable, los plenos poderes concedidos a los jueces para controlar el órgano que los gobierna o la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía dibujan un brusco giro conservador que tampoco casa bien con las ofertas de mano tendida a la oposición que Rajoy prodigó en la sesión de investidura. Pero el cénit de la espiral contrarreformista del Ejecutivo lo ha alcanzado Alberto Ruiz- Gallardón con su propósito de revisar la regulación del aborto.
Ideología frente a economía
Resultaría pueril concluir que el ministro de Justicia, siempre visto con recelo por los sectores más conservadores del PP, pretende ganarse su favor al anunciar que no se limitará a enmendar la ley de aborto del último Gobierno socialista, sino que desmontará la norma que en 1985 despenalizó parcialmente la interrupción del embarazo. Al fin y al cabo, la supresión del tercer supuesto legal (el riesgo psicológico para la madre) cuenta con un amplísimo respaldo en las filas del PP.
Tras irritar con la subida del IRPF a las clases medias-altas que lo votaron, Rajoy recompensa a su electorado clásico desmontando el legado social de Zapatero, maniobra ideológica que desvía el foco de la economía y que, además, no cuesta ni un euro. Pero este reformismo a la contra, además de dividir a la sociedad y escorar al PP, dinamita el pacto tácito entre derecha e izquierda que el presidente alababa en su juventud.