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Los políticos frente a la crisis

Rajoy, nuestro tecnócrata interventor

Merkel no acelera la intervención de España porque tiene un presidente electo que aplica su política

Martes, 17 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Antonio Franco Periodista

Si para diferenciarnos de Mariano Rajoy y los miembros de su Gobierno llamamos a las cosas por su nombre, reconoceremos que Alemania, la Unión Europea, el BCE y el FMI ya nos han intervenido. Se sabe en el extranjero y lo sabemos nosotros. Respecto a la crisis, han tomado las riendas. Ellos deciden. Efectúan diagnósticos y a continuación aplican inmediatamente sus políticas sobre nuestros lomos.

MARÍA TITOS

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Alemania y compañía prosiguen con su experimento. Intentan aclarar si una estricta y urgente austeridad, con un recorte esencial del Estado de bienestar, puede acabar dando el resultado milagroso de una reactivación pese a la contracción que genera ese tipo de grandes tijeretazos indiscriminados. En otros países no ha funcionado. Aquí, hasta ahora tampoco. Todo lo que estamos recortando/ahorrando equivale en grandes números a lo mucho que hemos empeorado por el desplome de la actividad económica que le acompaña, de modo que no avanzamos prácticamente nada. Pero quienes llevan nuestras riendas desde el extranjero nos han escogido como ratón de laboratorio para insistir.

Es posible que dentro de un par de meses, tras el verano, si las cosas van peor, la intervención sobre España se haga oficial. Que se firmen papeles que den carta jurídica a lo que ya es una realidad y se recomponga el Gobierno. De momento, quienes nos intervienen no tienen necesidad de hacerlo. Con el esquema actual ejercen su poder efectivo total sobre la economía española sin el recelo democrático que acompañó a que en Italia apartasen de las decisiones ejecutivas a los partidos políticos elegidos por los ciudadanos. Allí situaron como apoderado suyo, con grado de primer ministro, a Mario Monti, un técnico. Berlusconi es una vergúenza mientras Monti es serio, pero el procedimiento fue inaceptable. Los interventores internacionales provocaron otro escándalo democrático en Grecia. En ese país se repitieron unas elecciones porque en la primera convocatoria quienes aceptaban la subordinación a las directrices internacionales de austeridad no obtuvieron mayoría suficiente para gobernar.

En España, los que nos han intervenido se han encontrado con Mariano Rajoy, una personalidad que les facilita las cosas y les permite hacer su política sin forzar la mano respecto a los principios democráticos. Rajoy no es en absoluto experto en economía pero se reservó la dirección personal y directa de esa materia. Ahora, desbordado frente a los cuatro o cinco eslóganes de derecha liberal que esgrimía desde la oposición y durante sus primeras semanas al frente del país, ha decidido obedecer y callar ante las instancias económicas internacionales. Quienes nos intervienen tienen una situación ideal: Rajoy, elegido democráticamente por los españoles, hace en nuestro país la función del tecnócrata que aplica sin demasiados conocimientos propios los criterios que Merkel considera que debemos seguir. Encima, Rajoy no se ha marcado líneas rojas porque tiene grandes afinidades ideológicas con la conservadora líder alemana. Si analizamos quiénes están pagando el grueso de la factura colectiva resulta evidente que son la gente mayor, los funcionarios, las clases trabajadora y media baja y los jubilados. Es lo tradicional en la derecha. Y a Rajoy le apoya en eso su grupo parlamentario. Mas allá del significativo «¡que se jodan!», los grandes aplausos con que los diputados del PP aclaman en el Parlamento cada anuncio de recorte, subrayan esa conformidad.

Los españoles somos tan poco consistentes en exigencia democrática que estamos aceptando que no solo no se aplique el programa económico que ganó mayoritariamente en las urnas, sino que se haga todo lo que se dijo explítica y textualmente que no se haría. Con Rajoy, Montoro y De Guindos haciendo de brazos ejecutores de políticas en que no creen, materializando sin ruborizarse el trabajo sucio de la intervención, y habituando a la opinión pública a enterarse mejor de lo que cuecen buscando directamente las órdenes que llegan de Bruselas y Berlín que escuchándoles, ¿para qué ha de tomarse Merkel la molestia de poner al frente del Gobierno español a un técnócrata independiente?

Los españoles tenemos un problema añadido. Rajoy y su equipo aprenden de la crisis internacional la manera de intervenir unos poderes en las materias que dependen de otros. Y mientras en relación a esa crisis económica actúa respecto a Alemania como un simple tecnócrata obediente, en lo demás empieza a intervenir sobre competencias ajenas aplicando la ideología del ala dura del PP: recentralización y contrarreforma de lo que hizo Rodríguez Zapatero. En lo que no es economía, utilizando la crisis como argumento que aconseja tomar decisiones trascendentales de forma rápida y con poco debate, España avanza en opacidad, el poder popular toma posiciones abusivas en los medios públicos de comunicación, y se tejen laberintos para enredar los casos judiciales referentes a la corrupción vinculada a personas próximas. En esta crisis, España además de empobrecerse está perdiendo calidad democrática. Periodista.

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