Verónica Fumanal Callau
Directora de Politikom
Desde la multitudinaria manifestación independentista del Onze de Setembre, Mariano Rajoy había mantenido un deliberado silencio sepulcral respecto a las cuestiones acaecidas en Catalunya. Un vacío comunicativo calculado que le permitía encarar las elecciones vascas y gallegas sin interferencias del affaire soberanista. Buen ejemplo de ello resultó la reunión del 20 de septiembre sobre el pacto fiscal, un asunto que se perfilaba clave en la estrategia del gobierno de Artur Mas, y que desde la Moncloa se limitaron a zanjar con un simple comunicado que evidenciaba el perfil bajo que se le quería dar al encuentro. Mas, aprovechó el vacío comunicativo que le prestó Rajoy para imponer su visión del asunto.
Desde la Generalitat tenían perfectamente preparado el mensaje que querían lanzar: la ruptura de las negociaciones y el inicio de la andadura soberanista. Para escenificarlo, Mas se desplazó a la Delegación del Govern de Catalunya en Madrid, en lugar de realizar la rueda en la Moncloa. Cada palabra, cada silencio, estaba calculado para que, al final, el 'trending topic' en las redes sociales y en la opinión pública fuera #aixonohaanatbe, el argumento que le valió para precipitar la convocatoria de elecciones anticipadas.
Una vez pasadas las elecciones vascas y gallegas, donde Rajoy se jugaba su liderazgo interno y la legitimidad a su obra de Govern, el 'president' ha decidido que era el momento de involucrarse en la campaña electoral catalana y romper su silencio.
En la sesión de control al Gobierno en el Senado celebrada el pasado 23 de octubre, Rajoy lanzó su versión de la reunión del pacto fiscal y tachó a Mas de chantajista, al tiempo que apelaba al diálogo y la negociación para solucionar los problemas de Catalunya.
Una palabra resume la estrategia comunicativa de Rajoy, al menos para la carrera electoral catalana: tarde.
Rajoy ha iniciado la campaña electoral en Catalunya, y su presencia mediática y física se multiplicará hasta el 25 de noviembre. Sin embargo, el espacio discursivo que abandonó ha sido ocupado por la versión lanzada desde el nacionalismo catalán. Recuperar el control del discurso es misión imposible.