Antón Losada
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela
Andamos a mediados de julio y el mundo parece que no coge vacaciones. Todo es un sin vivir. Obama recuerda cada vez más a Sidney Poitier en Rebelión en las aulas, con los republicanos entregados al papel de pandilleros sobrados de testosterona y escasos de neuronas. En la circunspecta Europa, fuego a discreción contra Angela Merkel, con esa filosofía tan occidental de ajusticiar primero al culpable y buscar después la solución. Resulta paradójico ver como los mismos líderes que corren a esconderse de sus opiniones públicas, le afean a la cancillera no domar a la suya a golpe de liderazgo.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de julio de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
El último pecado de Merkel ha sido sostener que los bancos deben asumir parte de la deuda griega y no ponerse a temblar como la protagonista de una película de terror cuando los mercados se enfadan y toman a la prima de riesgo como rehén. Es el círculo virtuoso de la crisis. Berlín dice algo sensato, lo ponemos a caldo y el tiempo le da la razón.
Se derrumba la fe en cuanto hizo grande a Occidente. El FMI, las agencias de calificación, incluso la última superchería de la religión económica, los stress test, son de quitan y pon. Valen si se aprueban y están tuneados si se suspenden. Como los malos alumnos en junio: el profesor nos tiene manía.
La economía anda hipertensa y la política hiperventilada. El Gobierno se remienda como puede mientras el mismo PP que pretende cazar a Rubalcaba con una trampa para faisanes solo ve normalidad democrática cuando uno de sus presidentes autonómicos se sienta en el banquillo por aceptar regalos de una red corrupta. Aunque no todo iban a ser malas noticias. En Asturias, Álvarez-Casos ha sido investido presidente. La línea de sucesión en el liderazgo europeo está asegurada. Algo es algo. Descansen, si pueden. Va a hacer falta.