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Jesús López-Medel

La promoción del país

Jesús López-Medel

Abogado del Estado

¡Qué pena de 'marca España'!

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Martes, 2 de julio del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Una de las escasas ideas aparentemente atractivas del Ejecutivo gobernante es la referida a la marca España. Esta iniciativa del área internacional del Gobierno ha ido cobrando tanto peso en las declaraciones del titular de Asuntos Exteriores que parece que se podría cambiar el nombre del ministerio por el de Marca España. Hay algo que, sin embargo, no acaba de gustarme: las connotaciones de la palabra marca, generalmente asociada a patente, vinculada a lo que es la venta de un producto y a la publicidad. Todos ellos conceptos con un carácter nítidamente mercantil. Ciertamente, aquello de «unidad de destino en lo universal» como idea espiritual de la patria quedó muy lejano. Ni unidad ni universalidad. Solo nos queda un des(a)tino de país.

Es encomiable la persistencia del ministro en dar lustre a la propuesta que alguien le sugirió (o vendió) y que insista en consolidarla dando incluso el rango de secretario de Estado al brillante empresario al que puso al frente del proyecto. Cree tanto en ello el ministro que, a propósito de la esperada desde hace muchos años ley de acción exterior del Estado (el borrador es un texto cada vez más corporativo de los diplomáticos), ha tenido otra ocurrencia: introducir en ella la marca España. Las críticas y epítetos que a tal pretensión dedica el Consejo de Estado en su dictamen preceptivo son rotundos.

En todo caso, y al igual que sucede con otras ideas, de poco sirve si se convierte en tarea de un solo ministerio y no del Gobierno en bloque, con su presidente a la cabeza. Y eso no sucede. Mariano está muy ocupado. La marca España es, en verdad, vender la imagen de España. Pero cuando se quieren transmitir publicitariamente las bondades de un producto, lo que no vale es difundir una idea diferente de lo que verdaderamente es.

Porque aunque sea muy triste reconocerlo, este es ahora un país -si quieren, un producto- lleno de defectos: la inmensa corrupción, la pavorosa cifra de parados, el desmontaje (con la excusa de la crisis) de un sistema de Estado social, la impunidad de los poderosos, la fiscalía protegiendo a presuntos delincuentes de cuello blanco o de corona de cartón, la gravísima ocupación de las instituciones por los políticos (particularmente la que está a punto de consumarse con el poder judicial), los desahucios, los obscenos negocios de la privatización de la sanidad en autonomías como Madrid, los despilfarros cuyos responsables son impunes, inmunes y hasta recontratados por amigos en empresas que ellos privatizaron, etcétera.

Esta es la desgraciada realidad de una España cuya excelencia se quiere vender en el exterior. Eso solo se logra a base de papel de celofán y maquillaje y, en definitiva, mintiendo sobre la realidad de un producto que estará marchito mientras no se sanee (y desde luego, quienes han provocado tal deterioro no lo van a hacer, porque solo piensan en ellos).

Si quiere en verdad el Ministerio de Asuntos Exteriores vender la marca España, lo que tendría que hacer, sobre todo, es implicar al Gobierno del que forma parte en arreglar el producto. Porque este no funciona y está muy averiado. Si no, será pura publicidad engañosa. La mala imagen de España está causada por la propia irresponsabilidad de una clase política que, amancebada con los poderes económicos, ha generado un daño económico de envergadura y un gran retroceso social y ético. Y eso se percibe con nitidez en todo el mundo.

Aplíquense de verdad a crear empleo, dedíquense en serio a reformar la Administración (lo anunciado hasta ahora es una broma de mal gusto), impóngase la clase política un poco de la austeridad que nos obliga a adoptar a los ciudadanos, esfuércense algo en expulsar a los políticos corruptos de sus partidos, den la carta de despido a sus gestores despilfarradores, dejen de encubrir a sus golfos, busquen gente profesional y con sensibilidad social.

Conozco varios miembros de embajadas y consulados de España en el exterior que dedican gran parte de su tiempo y su esfuerzo a contrarrestar la penosa imagen que tenemos. Incluso cónsules cuyas tareas son menos políticas y netamente técnicas. Todos ellos aplican mucha dedicación a intentar transmitir otra impresión. Pero los resultados son baldíos y tristes. Así te lo cuentan en confianza.

¡Pero todo va a cambiar! Mañana viajan a China los portavoces del PP, el PSOE, IU y CiU (Duran Lleida) en el Congreso encabezados por el propio presidente Posada (que hace 34 años ya era gobernador civil). Van a vender la marca España y a abrir camino a empresas españolas. Quieren engañar como chinos a los orientales. Yo, si fuese empresario hispano, me buscaría otras compañías. Pero ellos se sacrifican por España, su marca. ¡Qué pena que no se queden allí!

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