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EL FUTURO DE CATALUNYA

Jordi Pujol: Civismo, respeto y democracia en tiempos convulsos

Jueves, 25 de octubre del 2012 - 08:19h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Jordi Pujol Expresidente de la Generalitat

Vivimos tiempos convulsos. Mucho.

Convulsos por la crisis económica. Profunda, de larga duración y que afecta a todo el mundo, pero sobre todo a la clase media y el mundo trabajador. Especialmente por los efectos devastadores del paro. Todo ello crea angustia y desaliento. Y porque conlleva peligro para el Estado del bienestar tal como habíamos conseguido crearlo en Catalunya. Un peligro que no podremos conjurar del todo si no cambian las condiciones económicas y políticas en que vive Catalunya. No lo podremos conjurar si Catalunya continúa con un 9% de déficit fiscal y con un marco legal español que frena el crecimiento económico del país.

Cuando alguien se pregunta, sorprendido, cómo es que en Catalunya las cosas en poco tiempo han ido como han ido es que no se había dado cuenta de que mucha gente había tomado conciencia de varias cosas.

Asistentes a un concierto de carrillón en el Palau de la Generalitat. ARCHIVO / JOAN PUIG

Una, que el ahogo financiero de la Generalitat y, en general, de Catalunya había alcanzado niveles insostenibles. Y que esto frenaba cualquier iniciativa de recuperación económica.

Dos, que esto repercute en la situación social, no solo por el desempleo, sino también por la sanidad, los servicios sociales, etc.

Tres, que en un país como el nuestro, con tanta inmigración, dificulta mucho su integración y la buena convivencia. Y hay que subrayar que una buena convivencia es, y debe ser, un objetivo del todo prioritario de Catalunya.

Cuatro, que todo esto conduce gradual, pero inexorablemente, a vaciar de contenido la Generalitat.

Cinco, que la postura de las instituciones españolas es de menosprecio hacia Catalunya. Como dijo Miquel Roca tras la sentencia del Tribunal Constitucional, se ha roto el pacto constitucional español y ya no tenemos ninguna garantía.

Sensación de maltrato y perjuicio

Todo ello ha fortalecido una sensación de maltrato, de grave perjuicio económico, de amenaza de nuestro Estado del bienestar y de una renovada presión contra nuestra identidad. Y todo en un ambiente de hostilidad manifiesta que en Catalunya ha desembocado en una aceleración e intensificación de la reivindicación nacional, e incluso independentista. Ha conducido a una muy fuerte ruptura de la confianza hacia el Estado español. Y también a una situación económicamente insostenible. Y así Catalunya no puede seguir.

Tanto es así que el argumento más potente a favor de la independencia es la inviabilidad de Catalunya como país, como economía y como sociedad en las condiciones políticas y financieras que España le impone. Se dice a veces que la independencia no es posible, que no es viable, y es verdad que es muy difícil. Pero aún es menos viable que en las condiciones financieras y políticas (es decir, de laminación a fondo del autogobierno) que le imponen a Catalunya pueda ser un país eficaz y hacer un buen servicio a su gente. Por lo tanto, reclamar un cambio radical de la situación de Catalunya es lógico y legítimo.

Pero, por lo visto, España está totalmente cerrada a tan siquiera hablar. Por lo tanto, tiene toda la lógica que la reclamación de independencia se haya incrementado mucho y mucho. Es una reclamación justa de un pueblo que se siente maltratado como sociedad, como economía y en su identidad, así como en su capacidad de atender adecuadamente a sus ciudadanos.

Un cambio radical sin subversión ni violencia

Totalmente lógico y justificado. Sobre todo si se actúa con civismo, respeto y democracia. Como es debido. Y como Catalunya debe hacer.

De cara adentro, con ánimo integrador y con la idea de que lo que cuenta es el bien de las personas. Como siempre ha sido el lema del catalanismo, del llamado "nacionalismo personalista". Con un concepto de Catalunya que abarque a todos sus ciudadanos. De cara al exterior, con voluntad de buena relación y colaboración con España y de integración europea. Y con una manera de hacer pacífica y democrática.

Un cambio radical de la situación de un país se logra con subversión o violencia --y a esto Catalunya siempre ha renunciado, y ahora también-- o con la creación por procedimientos democráticos de una muy amplia mayoría social. Con civismo, respeto y democracia.

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