Albert Sáez
Director adjunto
Coinciden en el tiempo el estreno de Prometheus y la llegada a Marte del robot Curiosity para explorar si hay algún rastro de vida en el planeta rojo. Ficción y realidad con el común denominador de buscar los orígenes y las esencias de eso que llamamos humanidad. Parece como si tuviéramos la necesidad de encontrar a «otros» para reconocernos en «nosotros». Esa es la paradoja de esta búsqueda de la vida fuera de la vida que ha dado lugar a páginas gloriosas de la pintura, de la literatura y de la cinematografía y que alimenta las investigaciones de la NASA desde hace al menos cinco décadas.
Información publicada en la página 36 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 07 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las preguntas del mito de Prometeo recuperadas por Ridley Scott y la llegada de la NASA a Marte nos asaltan en un momento de profunda desazón. Un malestar que no deja de ser, en parte, una consecuencia de cierta tendencia a la deshumanización desde que Fukuyama proclamó el fin de la historia: el Occidente democrático tenía como una de sus metas marcar las diferencias con los regímenes comunistas, que eran, a la vez, un espejo de lo que no quería ser y un recuerdo de su propio origen. Desde entonces andamos sin rumbo pero también sin identificar a ese «otro» que nos enseñe a ser «nosotros». Y en esa tierra de nadie ha ido creciendo ese cinismo que ahora se desvela como la causa última de esta existencia subprime en la que nos instalamos en los inicios del siglo XXI.
Una pizca de optimismo
En este contexto, ansiamos encontrar razones para el optimismo. Ayer, en Twitter, cientos de voces quisieron entender la llegada del Curiosity a Marte como una especie de hito similar a la conquista de la Luna que alimentó los felices años 60 del siglo pasado en ese Occidente que no se reconoce sin el «otro» a quien mirar. Objetivamente, hoy vivimos mucho mejor que entonces, pero subjetivamente cambiaríamos algo de este excedente de bienestar por volver a mirar al futuro con la misma esperanza con la que el Curiosity explora Marte y con la que la protagonista de Prometheus prosigue su viaje al final de la película.