El Periódico

Al contrataque

Jordi Évole

Periodista

El 'procés' y 'La extraña pareja'

@jordievole

Hemos entrado en la fase de "vamos a mantener a los nuestros, que tal y como están las cosas ya será mucho"

El 'procés' y 'La extraña pareja'

Joan Pere y Paco Morán, en 'La extraña pareja'.

Domingo, 30 de abril del 2017 - 17:00 CEST

Dicen que estamos en la fase final del procés. Yo no me lo creo. Hay demasiada gente que se ha acostumbrado a vivir con él (o del) monotema. Tanto a favor como en contra. Incluso temo por lo aburrida que podría ser la vida de algunos si el 'procés' se acaba. Aunque crece el número de personas que cuando sacas el tema te arrugan la nariz, como diciendo "no, otra vez nooooo…", yo tengo la sensación de que acabaré mis días conviviendo informativamente con el 'procés'. Porque el temita en Catalunya y en Madrid sigue siendo eficaz, política y mediáticamente. Sigue teniendo su público. Igual ya no revienta las salas, pero puede seguir en cartel por varias temporadas. De hecho, 'El procés' se podría convertir en un fenómeno como 'La extraña pareja', aquella obra de teatro que Joan Pera y Paco Morán mantuvieron en cartel durante casi una década. Mucha gente repetía: iba a verla casi cada año "por si habían cambiado algo".

Hay que recordar también que en Catalunya fuimos pioneros a nivel estatal en el culebrón televisivo autóctono. TV-3 fue la primera televisión autonómica en apostar por ese formato con la mítica 'Poblenou'. Luego llegaron 'Secrets de família', 'Nissaga de Poder', 'El cor de la ciutat', 'Ventdelplà' y actualmente 'La riera'. Ese formato, de origen anglosajón (siempre más avanzados, seguro que había alguno escocés) triunfó en Catalunya. Luego se exportó y lo adoptaron otras televisiones autonómicas. Vamos, que también hubo 'café para todos' en culebrones.

RASGOS DE CULEBRÓN

Pero desde luego si hay un público acostumbrado al género del culebrón en España, aunque solo sea por tradición, es el catalán. Por eso, no me extraña que el 'procés' haya adquirido también rasgos de culebrón. Con sus intrigas, sus traiciones, sus incógnitas, sus infidelidades, sus sospechas… Por desgracia, creo que esta temporada los guionistas no se están empleando a fondo, y la trama se parece mucho a la de la temporada 2014, la del 9-N. Pero seguro que logran darle un giro.

Mientras llega el giro, me entretengo viendo de qué manera más diferente se interpreta el culebrón en los medios de aquí. De "Puigdemont suspende un viaje a Marruecos porque ningún político podía recibirlo" a "Presiones del gobierno español obligan a suspender el viaje de Puigdemont a Marruecos”. O de "Lluís Llach dice que se sancionará a los funcionarios que no acaten la ley de desconexión" a "El diario 'El País' pone ahora a Lluís Llach en el punto de mira". El culebrón es tan rico que se puede interpretar de una forma o de la contraria. Ya ninguno de los dos bandos busca seducir al otro. Se acabó lo de "ampliar la base". Hemos entrado en la fase de "vamos a mantener a los nuestros, que tal y como están las cosas ya será mucho".

Recuerdo que mi padre se dormía viendo los culebrones de TV-3. No por nada, sino porque lo daban a la hora de la siesta. Y cuando despertaba, el culebrón seguía ahí. Pues eso.

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