Gente corriente

Antonio Herrera: "Ahora ya no sé quién es el vecino del tercero primera"

Sábado, 27 de noviembre - 00:00h.

En la noche de San Juan / cómo comparten su pan / su mujer y su gabán, / gentes de cien mil raleas (Fiesta).

-Mi barrio me recuerda a esta canción de Joan Manuel Serrat. Serrat dice que la historia de Barcelona es la historia de sus barrios y él siempre habla de sus orígenes. Su drapaire del Poble Sec era como el de la Verneda. Por cierto, que a Serrat le dije: «Oye, te he cogido tus canciones para un libro que estoy escribiendo sobre la Verneda». «Lo que necesites, Antonio», me contestó.

-De aquella Verneda de los años 50 apenas queda nada.

-La escuela de la Via Trajana número 1, donde cantábamos el Cara al sol, es de las pocas cosas que siguen en pie, pero el drapaire todavía vive aquí. Pese a estar totalmente renovado, el barrio mantiene su espíritu.

-¿Qué espíritu?

-Había mucha relación entre los vecinos, las puertas estaban siempre abiertas y te encontrabas a los amigos en la calle. Estábamos rodeados de huertos y de la fábrica Roig, donde hacían jabón con restos de huesos. El olor era insoportable.

-¿Usted nació en la Verneda?

-Nací en el Chino pero cuando tenía 10 meses nos trasladamos a los primeros bloques que se construyeron en la Verneda. Era el año 53. Vivíamos en el bloque número 17 de los 18 que había. El barrio se diseñó como una ciudad jardín...

-¿En serio?

-Los edificios tenían planta baja y dos pisos, con pasillos que comunicaban las casas y patios de 200 metros cuadrados. Allí se celebraban bodas, comuniones, bautizos... Y entre los edificios se creaban plazoletas. Todo esto creaba vivencias compartidas entre la gente. Pero los bloques tenían aluminosis y fueron derribados y con ellos desapareció aquella humanización. Ahora yo vivo en el Clot y ya no sé quién es el vecino del tercero primera.

-La posguerra y la Verneda. A priori, no parece la mejor combinación para una infancia feliz.

-Pues la mejor época de mi vida la pasé en el barrio. Todos veníamos de vivir en cuevas y en barracas. Era la posguerra, sí, pero la gente tiraba p'alante. En su inmensa mayoría eran familias trabajadoras, con sus inquietudes culturales y artísticas. Estaban el payo Juan Manuel, la familia Santitos (los Von Trapp españoles), Los Alba… El fútbol era muy importante y el boxeador Francisco Bermúdez, que fue campeón de España de peso medio, era vecino mío. La gente, en general, echa de menos aquel barrio y aquella época.

-¿Eso fue lo que le llevó a escribir un libro sobre el barrio?

-Durante años iba recortando todas las noticias que se publicaban sobre la Verneda y todo eran drogas y delincuencia. Incluso la historia oficial ha potenciado esta imagen. ¡Pero esto no cuadraba con mis vivencias! Así que pensé escribir mis memorias y luego abrí el foco y empecé a recoger testimonios. He querido hacer un homenaje a la primera generación que vivió en la Verneda, gente muy humilde a la que no hemos dado el valor que merece.

-¿En cuántas casas habrá entrado?

-¡Uf! En muchas. Incluso he ido hasta Cerdanyola y Ripollet, porque algunas de las primeras familias del barrio se mudaron allí. Durante los últimos dos años, la gente me ha abierto sus casas y me ha mostrado sus recuerdos más preciados. He reunido más de mil fotografías de lo que era la Verneda, el Bon Pastor y el Campo de la Bota. Estoy muy agradecido.

-Usted no es escritor, ni historiador.

-No, soy un arquitecto técnico prejubilado. Si quiere le traigo el título; no soy como Roldán.

-No hace falta, hombre.

-También he sido voluntario de la Cruz Roja y en los años 80 me metí en la asociación de vecinos.

-¿Qué es lo que más añoran los abuelos con los que ha hablado?

-No recuerdan la miseria, sino el valor de la amistad y de la solidaridad. La necesidad hace que salga a la luz esa solidaridad con la que nace todo ser humano.

-¿Quiere decir que los ricos no son solidarios porque no lo necesitan?

-La solidaridad se lleva en la sangre, pero surge a través de una experiencia personal. Mire el caso de las fundaciones de Pasqual Maragall contra el alzhéimer o de Josep Carreras contra la leucemia. A lo mejor sí que eran solidarios antes, pero no lo demostraron verdaderamente hasta que ellos tuvieron problemas.

-Quién le iba a decir que iba a estar tan ocupado en su jubilación...

-A veces me dicen que hago esto porque tengo tiempo, y eso me irrita. Cada uno sabe cómo se administra el tiempo. Yo esto lo llevo dentro.