La rueda

El ruido del ministro Wert

Martes, 30 de octubre - 00:00h.

Escribía Daniel Innerarity, en un artículo publicado hace un año que «nadie que no sea capaz de entender la plausibilidad de los argumentos del otro podrá pensar -y menos actuar- políticamente». Esto es lo que aparentemente le pasa al ministro de Cultura del Gobierno de España, José Ignacio Wert, lanzado de manera desaforada a provocar y reventar, con una aparente despreocupación que lo hace aún más irritante. Da igual si es para hablar del 15-M, como de los estudiantes y de sus padres y madres. Es lo mismo si se trata de las protestas del mundo del teatro por la subida del IVA, como de impulsar una reforma curricular para españolizar a los niños y las niñas de las escuelas de Catalunya. A juzgar por lo que dice y por cómo lo dice, el ministro no está dispuesto a admitir en el otro ni un milígramo de razón. Si es capaz de entender la plausibilidad de los argumentos de sus interlocutores, hace todo lo que puede para disimularlo y exhibe una tendencia natural a utilizar la descalificación burda como recurso dialéctico.

Wert tiene fama de ser un polemista mordaz, agudo y provocador, y de una gran inteligencia. Con un humor que de tan agudo solo debe de entender él, ridiculiza a sus interlocutores y parece encontrarse más a gusto cuanto más irrita a los adversarios políticos. Curiosamente, el ministro del Gobierno de España que más predisposición al diálogo debería demostrar en este momento presente de las relaciones con Catalunya, y el que más dispuesto se debería mostrar a analizar, comprender y discutir civilizadamente, es quien menos dispuesto parece a escuchar. Y cuando no se está dispuesto a escuchar al otro no vale la pena seguir persiguiendo la quimera del diálogo. Porque lo que se produce no es un diálogo sino ruido. Y de ruido, entre Catalunya y el resto de España, ya hace demasiados años que hay. Y hay demasiado. No necesitamos el del ministro.