En Euskadi se castiga a los que gobiernan y en Galicia la otra tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú. Me explico: el regionalismo acomodaticio de la derecha en Galicia, la santa alianza entre Santiago y el correligionario que cierra España en Madrid está tan lozana como en vida de don Manuel, si es que realmente ha muerto alguna vez, a tenor de los resultados.
Fraga sonríe en su paraíso de arriba mientas su pazo de abajo, y bien suyo, queda desde ahora constituido como un moderno Shangri-Lá inmune a carnicerías al Estado del bienestar y a la grandiosa poquedad de Rajoy. Piensen quienes han hecho hoy de Galicia un idílico estado de hipnosis colectiva mirando a otro lado, al cacique o a la abstención, que mañana volverán las oscuras golondrinas del paro y los derechos sociales para ricos sus nidos a colgar.
Los socialistas se desploman --en realidad se despluman de nuevo-- porque Zapatero sigue purgando las dos tardes de estudiar economía que le faltaban y las frivolités que le sobraban, y el PSOE pagando el fenomental buñuelo de viento en líderes e ideas que cocinó en el congreso de Sevilla. Efecto: los ciudadanos que no se resignan asoman la nariz en una izquierda nacionalista potente de reminiscencias griegas.
Dígase lo que se diga, Euskadi no da sorpresas después del gobierno de dos partidos, el que recorta en España y el que ha recortado, sin que ambos hayan podido vender el matrimonio a sus electores, y después de que ETA deje de actuar de agente tóxico. El futuro también allí huele a años ochenta, evoca el legado de Arzalluz y el relevo de los euskadikos y compañía.
A grandes rasgos, sin purismos hematológicos, el nacionalismo vasco pesa lo que pesaban antes el PNV del esplendor, los hermanos separados de Garaikoetxea, sus votos útiles y los aberzales que jugaban al sistema. Solo se ha producido un ajuste arquitectónico: compensación de volúmenes. El descorche de hoy viene con retraso, debió haberse producido hace un cuarto de siglo. Queda descubierta la sopa de ajo: Euskadi era esto.
Finalmente, el 'efecto llamada' del soberanismo catalán, la tracción tertuliana, las sinergias bien entendidas, el inagotable besuqueo político-mediático político que nos espera, hará las delicias de la derecha rupestre y su España que se desangra en los próximos meses y años, de modo que entre unos y otros sanseacabó más que nunca hablar de recortes a los derechos, de la quita a las prestaciones, de la pleitesía al dinero y de derechos sociales solo para quienes puedan pagárselos. Mandan banderas. En Galicia la bandera es panameña de conveniencia. Y el jefe europeo de Goldman Sachs diciendo que lo peor está por llegar... ¿Lo saben Núñez Feijóo y Urkullu? Y si lo saben, perdón por la demagogia, ¿les importa?