Editoriales

Irán acude a las urnas

Viernes, 2 de marzo - 00:00h.

El Parlamento iraní no es como los demás. Allí no reside la soberanía popular. Hay una instancia superior que tiene la última palabra, el Consejo de los Guardianes de la Revolución, nombrado por el líder supremo, y siempre priman las consideraciones religiosas sobre cualquier otra. Por ello, el papel del Parlamento es muy relativo. Con la desaparición de los reformistas tras la dura represión que siguió a las conflictivas elecciones presidenciales del 2009, lo que se puede esperar de los comicios de hoy es la foto de los equilibrios de poder dentro de la ultraconservadora clase dirigente. Por una parte está el líder supremo, Alí Jamenei. Por otra, el presidente Mahmud Ahmadineyad. La lucha entre partidarios de uno y otro ha sido encarnizada, pese a ser soterrada. Las máximas instancias religiosas recelan de un presidente al que en su día auparon pero que ahora se ha rodeado de tecnócratas, mientras que el entorno del presidente aspira a situarse en espacios ocupados por los clérigos.

Los iranís consideran a Ahmadineyad responsable de la muy deteriorada economía del país, a lo que no son ajenas las sanciones y el aislamiento internacional por su programa nuclear. Acosado por el estamento ultraconservador religioso, por el desapego de los ciudadanos y por la amenaza de un ataque exterior, necesita legitimarse con unos buenos resultados, pero los iranís tienen hoy muy poco donde escoger y muchos riesgos para el mañana.