Tiene 17 años, vive en Viladecans y se levanta a las seis de la mañana. Sube a un tranvía, después a otro y finalmente a un autobús para llegar a las ocho a la escuela de artes gráficas Antoni Algueró de Sant Just Desvern, donde cursa un ciclo formativo de preimpresión.
Información publicada en la página 72 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 28 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Nasiha siempre está en minoría: es mujer en un sector profesional mayoritariamente masculino, lleva velo en una sociedad donde está mal visto y es sorda profunda en un mundo hecho a medida de los oyentes.
Todas las personas sordas pueden hablar si se les enseña, pero ella se acostumbró desde pequeña a comunicarse solo con el lenguaje de signos y ahora depende casi totalmente de la intérprete, Laura Sancho, que hace de mediadora en la entrevista.
-El Allali. ¿De dónde es tu apellido?
-De Nador, en Marruecos. Pero yo he nacido aquí. Somos tres hermanas y dos hermanos. Dos nacieron allí y los demás aquí. A Marruecos volvemos siempre en verano.
-¿Cómo se te ocurrió estudiar artes gráficas?
-Me gusta el arte y la fotografía. Disfruto haciendo fotos, montándolas y maquetándolas con los textos. Me gustaría trabajar en algo relacionado con la fotografía o la serigrafía, como estampación en camisetas.
-No debe ser fácil seguir los estudios sin poder oír.
-La verdad es que no. Cuando tengo a la intérprete de signos puedo entender al profesor, pero cuando ella no está no entiendo absolutamente nada en toda la clase y me aburro. Tenemos clase de ocho a dos cada día y solo tengo a la intérprete 15 horas a la semana.
-Pero tú te operaste para poder oír.
-A los 9 años me hice un implante coclear [un aparato que transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo], pero ya me había acostumbrado a hablar con la lengua de signos. Ahora estoy aprendiendo a hablar en oral con una logopeda.
-Entonces, ¿puedes oírme?
-Ahora mismo no oigo nada. He dejado el aparato en casa porque lo tengo sin pilas.
-Mujer... ¿No tienes ganas de oír?
-Con el implante oigo muchos ruidos; sin él estoy más atenta y entiendo mejor a la intérprete.
-Pero te aíslas de los demás, ¿no te parece?
-Aun con el implante enchufado, no entiendo todo lo que pasa en el mundo de los oyentes. No oigo palabras, sino ruidos, sonidos, pero las palabras no las entiendo y lo paso mal. Prefiero no oír nada y estar en paz. Ya estoy acostumbrada. ¿Pasa algo si no oigo el ruido del mundo?
-Supongo que no.
-Claro que me encantaría oír, pero entendiendo lo que dicen. Está muy bien estar al día de las novedades y escuchar el mundo.
-Parte de tu familia ha nacido en Marruecos y otra en Catalunya. ¿Te sientes extraña llevando velo aquí?
-Un poco. Nací aquí, soy española y no me obligan a llevar velo. Soy libre, yo lo he decidido y lo llevo porque me gusta.
-Aquí se considera un símbolo de opresión de la mujer.
-¡A mí que ningún hombre me obligue a llevar velo! Pero la religión musulmana habla de llevarlo y yo soy religiosa. En casa rezamos cinco veces al día.
-El mundo de tu casa y el de la calle son muy distintos.
-Me gustan los dos, pero estoy acostumbrada a vivir en Catalunya. Tengo dos primas sordas en Marruecos y no pueden trabajar. Las educan hasta el instituto y ya está.
-¿No pueden trabajar porque son sordas o porque son mujeres?
-Porque son mujeres y las obligan a estar en casa.
-¿En tu familia os casáis jóvenes?
-Mi hermana sí, porque ella lo ha querido así. Pero para mí lo primero son los estudios y el trabajo; luego, si acaso, ya me casaré.
-¿Te adaptarías a Marruecos?
-Si hubiera nacido allí estaría en la misma situación que mis primas, pero soy de aquí y no me adaptaría.
-¿Cuál crees que será el mayor obstáculo para que encuentres trabajo: ser mujer, ser sorda o llevar velo?
-El velo.
-¿Más que ser sorda?
-Sí. Casi nadie lo lleva y a la gente no le gusta. Algunas personas me han dicho que es mejor que me lo quite.
-Si no te dejan trabajar con velo, ¿qué harás?
-Me lo quitaré, no pasa nada.