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VIAJE A LA ANTÁRTIDA (1)

Albert Solé

Periodista y director de documentales

Preparando el gran viaje

Jueves, 27 de diciembre del 2012 - 20.04 h

Albert Solé y Josefina Castellvi, con su equipo, en el aeropuerto antes de ir a la Antártida.

Conocí a Josefina, (universalmente conocida como Pepita) en una cena en casa del poeta Manel Forcano hace más de un año. Lo que más me fascinó fue esa mezcla de rigor y entusiasmo, de razón y pasión (seny i rauxa, como decimos en catalán), una combinación explosiva de la que surge su extrema vitalidad, su capacidad para vivir cada reto, grande o pequeño, como si fuera el más importante de su vida. Siempre me han gustado las historias complejas, en las que conviven multitud de temas. La historia de Pepita nos habla de una gran científica, nos habla de ecología, de la Antártida nada menos, pero sobre todo nos habla de los paraísos perdidos y de la madera emocional de que están construidos los sueños de los pioneros. En seguida reconocí en ella el genuino espíritu de la aventura. Mario Vargas Llosa me contó una vez que escribía aventuras que él hubiese querido pero no había podido vivir. Pepita es de las que decidió vivirlas en propia piel. La cosa no era fácil, y más siendo mujer en un mundo tan masculinizado de científicos y militares.

Después de perseguir durante años el sueño de una base española en la Antártida, el científico Antoni Ballester no pudo ver su sueño cumplido. Justo el año de la inauguración, sufrió un ictus que le dejó imposibilitado en una silla de ruedas. Su ayudante, Pepita Castellví, decidió asumir el liderazgo del proyecto y se convirtió en la directora de la base durante los primeros años de vida, años en que convivían todos en dos módulos y a ella, como única mujer, le tocaba ir a dormir sobre el duro suelo del módulo científico.

Hace 18 años que Pepita no ha regresado a su paraíso perdido, al lugar donde sus recuerdos quedaron helados. Siento auténtica curiosidad por ver si reconocerá "su" Antártida y "su" base. Probablemente el mundo que ella recuerda ha cambiado enormemente y la comunidad científica que allí trabaja se parece poco a la que ella conoció. Temo que sufra lo que yo denomino el "síndrome de las naranjas gigantes", la nostalgia de una tierra idealizada a la que no se ha regresado desde hace mucho tiempo, como le sucedía a los exiliados españoles que idealizaban el tamaño de las naranjas en España a fuerza de recordarlas desde la distancia cada día un poco más grandes.

Siempre he dicho que los directores de cine, como casi todos los creadores, somos necesariamente obsesivo-compulsivos: nos empecinamos tanto con un tema, le damos tantas vueltas hasta poder realizarlo que al final se convierte en una obsesión. La mía ahora se llama 'Los recuerdos de hielo'. En Minimal Films llevamos un año preparando todos los detalles de este documental y del viaje soñado. Ahora, por fin, ha llegado el momento.....
Os iré contando cada detalle de la aventura. Seguiremos en contacto!

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