Los engaños y la pésima gestión del Gobierno griego llevaron al país a la bancarrota. En mayo del 2010, la Unión Europea acordó un plan de rescate e impuso sus asfixiantes condiciones de austeridad. Y, ahora, el hambre ha llegado a los niños de Grecia. Mientras el ahogo en el país helénico se torna cada vez más insoportable, Europa observa impertérrita su tormento y sigue estrangulando sin pausa ni piedad. ¿Es esta la Europa cuna de la civilización y de la socialdemocracia? ¿Hasta dónde es capaz de llevar su tradicional autismo hacia los que sufren? Si antes de la llegada de la crisis Europa ya se había caracterizado por su cobardía y su incapacidad para intervenir en conflictos ajenos, ahora la insolidaridad la practica con sus ciudadanos.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Instalada en el egoísmo y en la preservación de lo propio -lo propio de los países prestamistas, por supuesto-, renuncia a todos los valores que algún día creímos que eran su identidad, como la solidaridad, el respeto o los derechos humanos. ¿Es el hambre el precio de la deuda? ¿Es la muerte de los valores el precio de la crisis? En estos días de sufrimiento, cada vez se alzan con más fuerza las voces que reclaman lo propio como única salida. Pero ninguna exigencia equivaldrá a mayor justicia social si no se asegura un reparto equitativo de la riqueza. No se trata de alimentar más a los poderosos, sino de asegurar el progreso de los ciudadanos.