Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Estamos en febrero, el mes que debería ser un ejemplo de virtudes. En el calendario romano no era el segundo mes, sino el último, y estaba dedicado a los ritos purificadores. Quizá los romanos lo ponían al final del año para poder borrar todas las ignominias y pecados cometidos en los meses anteriores. Había, pues, muchas posibilidades de vivir libremente antes de que llegara la hora de limpiarse.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ahora, en nuestro calendario de pecadores, febrero comparece en seguida. Al cabo de solo 31 días el nuevo año ya se ha dado cuenta de que la purificación colectiva es urgente. El proceso contra el juez Baltasar Garzón está lleno de impurezas, que han dado un mal sabor a la justicia.
Y la sentencia del juicio contra el dirigente del PP valenciano Francisco Camps es otra impureza. Hay impurezas mortales, como cuando se hacen mezclas incontroladas de alimentos, pero en este caso se trata de impurezas lamentables y al mismo tiempo ridículas. Se debatía si al expresidente valenciano le regalaron seis trajes, cuatro americanas y tres corbatas o solo cuatro trajes, dos americanas y una corbata. Parece ser que otros trajes regalados no eran para él, sino para el llamado Bigotes, o sea, que el reparto de impurezas no queda claro. Las februali, o las purificaciones de los romanos, debían de ser algo más serio.
En otro ámbito, la competencia entre los dos candidatos a dirigirl al PSOE ha provocado que se haya elevado la tensión -quizá también la arterial- entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, y para purificarse de los nervios que provoca esta competencia decidieron cenar juntos. Los bancos y las cajas también intentan purificarse, pero hay indicios que permiten creer que algunas entidades no lo conseguirán. Y algunos privilegiados que ganaban un montón de millones cada año pensaron que reducirse un 5% de los beneficios propios era una admirable purificación. Si los romanos salían limpios y renovados después del mes de febrero, aquí, en cambio, no pasará lo mismo. Continuará la fiebre, pero no la que sirve para curar. La purificación, si es que es posible, parece lejana. Y, como se comprenderá fácilmente, a la gente no le hace ninguna gracia tener que purificarse por culpa de los poderosos impuros.
Si los antiguos se purificaban con fuego y agua, nosotros nos tenemos que purificar a través del IVA, el desempleo, la pérdida de ahorros y los recortes en sanidad y servicios públicos. Nos espera marzo, mes dedicado a Marte, el dios de la guerra.