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Peccata minuta

Pobretes, pero alegretes

Sábado, 26 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOAN OLLÉ

Así como muchos pueblos tienen dos fiestas mayores, la de verano y la de invierno, a La Marató de TV-3 le ha salido una hermanita gemela y primaveral: la Marató per la pobresa. Nunca he sido muy fan de su tradicional edición navideña, ya que encuentro sumamente inquietante que, desde las más altas instancias y a los acordes de los más melifluos villancicos, se invite al buenismo del pueblo llano a subvencionar las ineficacias del poder; me recuerda demasiado a Ustedes son formidables, aquella emisión de la radio franquista dirigida por Alberto Oliveras. Del buenismo acostumbran a sacar tajada los malos de la película, como muy bien nos explicaron Berlanga y Buñuel en Plácido (Siente un pobre a su mesa) y Viridiana.

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Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 26 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

La fecha está bien escogida: justo después del Barça-Athletic, que gracias a doña Esperanza no fue silbado por un colegiado sino que fueron silbadas ella (ausente) y la Monarquía por un orfeón de 60.000 voces. La Copa ya es del Barça: posiblemente la euforia nacional haga que la recaudación televisiva vaya a más y Antoni Bassas pueda gritar ya superada la mágica medianoche: «¡Som més que un país!»Y, encima, Puyal, duodécimo jugador blaugrana, Català de l'Any. ¿Qué más queremos?

Admiro profunda y sinceramente al mestre Puyal porque, como Serrat, Maragall o Guardiola, ha sabido llegar al alma más elegante de eso que llamamos pueblo, golosa y poliédrica palabra resultante de la suma de los muy diversos pueblos que la componen. Entre las muchas cosas bellas (la verdad siempre lo es) que dijo Puyal en su discurso de aceptación del premio, suscribo solo parcialmente aquella de que «hemos confundido la felicidad con el dinero», porque alguien lo podría confundir con aquel conmiserativo «pobretes pero alegretes» que, gracias a las gracias de la bulería, el balompié (antes cohesionador y ahora disolvente de la unidad de España), Gracita Morales y compañía, dio grandes momentos de esplendor a la injusticia social.

Seguiría devotamente las muchas horas de la Marató de mañana si a lo largo de ellas se abordasen las verdaderas causas del exponencial crecimiento de la pobreza en nuestro país y en el mundo, se explicase que la actual situación responde a una determinada manera de interpretar la política y la economía, se diesen nombres y apellidos de quienes guionaron fríamente la tragedia y se advirtiese a la audiencia de que la riqueza, en tiempos de crisis, no disminuye sino que se redistribuye, multiplicada, entre los que la originaron.

No, no seguiré la Marató de mañana porque no me gusta la idea de exhibir la pobreza como espectáculo limpiaconciencias; porque no me apetece derramar ni media lágrima compasiva, ya que, puestos a soltar líquidos, lo que me pide el cuerpo es lanzar un solemne escupitajo a los ojos de las «entidades financieras criminales» de las que habló en la gala del Català de l'Any la también galardonada pero no televisada Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). Si el domingo me da por practicar la solidaridad, lo haré sin intermediarios, por si acaso.

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