Es cierto que el origen de la tan grave crisis griega actual radica en haber aceptado en el 2001 la «contabilidad creativa» (es decir, las falsificaciones) del Gobierno para ingresar en el euro. Es cierto que Grecia no se caracteriza por tener un Estado eficiente (una burocracia colonizada por la partitocracia, ausencia de verdadero catastro de propiedades, alta evasión fiscal), ni una democracia transparente por el generalizado clientelismo y la seria corrupción. Sin embargo, las autoridades comunitarias fueron muy irresponsables al dar por buenas las cifras oficiales griegas en el 2001. Lo grave ha ocurrido después, ya que la troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI) han impuesto condiciones durísimas -y de imposible cumplimiento- a ese país una vez estalló la crisis. Las inflexibles políticas de la UE de austeridad a ultranza han supuesto recortes sociales sin precedentes y una depresión económica de la que Grecia no puede salir.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 14 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
ESTE INASUMIBLE tratamiento de choque ha tenido consecuencias políticas ya que Grecia se ha visto sometida a irresistibles presiones de la UE de tal suerte que se forzó el Gobierno «técnico» de Papademos (que aceptó las duras condiciones del rescate comunitario) y, tras las elecciones del 6 de mayo
-que no dieron los resultados esperados- una nueva convocatoria para ver si los griegos votan «bien».
Es constatable que el brevísimo Parlamento del 6 de mayo fue el más fragmentado de la actual democracia griega al hundirse los dos grandes partidos «dinásticos» ( los conservadores de Nueva Democracia (ND) y los socialistas del Pasok que pasaron del 77% al 32% de los votos. Sin embargo, en teoría había una mayoría prorrescate (ND, Pasok y el pequeño partido Izquierda Democrática), aunque no fraguó porque la última formación citada no quiso dar en solitario su apoyo a los dos grandes sin contar con Syriza (coalición de izquierda radical), la gran sorpresa de esas elecciones.
RÁPIDAMENTE los analistas señalaron que los grandes vencedores habrían sido indiferenciadamente los partidos «antisistema» y, peor, «antieuropeos», tesis que no es de recibo por dos razones. 1) No son exactamente equiparables las críticas a la UE de las derechas y las izquierdas radicales. 2) Syriza no es en absoluto una formación «antieuropea», simplemente preconiza construir Europa de otra manera. El electorado griego mostró su rechazo a una «clase política» agotada que ha dominado el país durante 40 años. El caso es que fue imposible formar una mayoría de Gobierno y eso es lo que ha llevado a la convocatoria electoral del 17 de junio.
Las perspectivas que se abren camino son las siguientes: los sondeos muestran un empate técnico entre los conservadores y Syriza ya que sendas formaciones están polarizando el panorama: los primeros han conseguido incluir a pequeños partidos de la derecha no ultra y los segundos han captado apoyos de verdes y grupos de izquierda varios. Sin embargo, ND puede beneficiarse del premio electoral de mayoría (50 escaños suplementarios) que obtiene el primer partido ya que Syriza es una coalición, no un partido. Por su parte, el Pasok no se recuperaría y los neonazis de Aurora Dorada podrían experimentar un cierto retroceso tras el penoso espectáculo que ofrecen sus dirigentes.
Syriza puede beneficiarse, en todo caso, de un líder con gancho (Alexis Tsipras) y de ofrecer un claro programa de renegociación del memorandum (el rescate) de la UE. Esta formación es favorable al euro y defiende la suavización de la deuda para permitir la recuperación económica y preservar y mejorar si cabe un Estado social tan frágil como el griego. Para ello reivindica aumentar los impuestos a las grandes fortunas, prohibir algunas maniobras especulativas, abolir privilegios fiscales de ciertos grupos (la Iglesia ortodoxa, por ejemplo) y combatir el secreto bancario y la evasión de capitales. El problema no es solo que las derechas y la troika se opondrán a este programa, sino que Syriza ni siquiera puede contar con el apoyo de todas las izquierdas griegas pues el muy ortodoxo y estalinista partido comunista (KKE) es tan sectario y eurófobo que no lo apoyará.
EN CONCLUSIÓN, el panorama político griego de este próximo domingo puede ser tan complicado -o incluso más- como el del 6 de mayo. Lo esencial es que los griegos voten sin miedo a chantajes y sin injerencias interesadas ya que, dado el «déficit democrático» de la UE, los parlamentos nacionales deben ser la clave para la formación de los gobiernos. De esta gran crisis cabría esperar que se saquen lecciones y se aborde de una vez la improrrogable reforma política de la UE en sentido federal.
En todo caso, el grexit (la salida de Grecia del euro) no solo sería ruinosa para ese país, sino que también tendría negativos efectos para toda el área de la moneda común, incluyendo a Alemania y sus bancos. Por esta razón, y en contra de reiteradas profecías apocalípticas, no parece muy probable tal escenario. Catedrático de Ciencia Política (UB).