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El Gobierno del PP no quiso hacer ayer un balance negativo de una de las últimas leyes del anterior Ejecutivo, por la que el personal doméstico pasó a integrarse desde enero en el régimen general de la Seguridad Social. Aún se puede rectificar el tiro. Transcurrido el plazo de transición, no se ha producido la esperada regularización laboral de estas personas, que alimentan una de las grandes bolsas de la economía sumergida en España.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El balance deja al descubierto los flancos más débiles de esta legislación, que se propone situar al personal doméstico en un plano de igualdad de derechos con el resto de trabajadores en plena crisis. Hay que admitir que la campaña para el cambio ha sido insuficiente. Trabajadores y empleadores no han tenido, probablemente, toda la información necesaria, sobre todo los segundos, a los que puede haber generado algún temor. La normativa debería incluir algún sistema de deducción de la cuota patronal, como hacen las empresas con lo que pagan por sus empleados.
La predisposición gubernamental en ese sentido puede corregir el mal arranque de la aplicación de la ley, que topa con el gran obstáculo de la normalización del personal discontinuo. En este capítulo, la Administración debería plantear otra fórmula, dado que la actual parece difícil de cumplir para unos empleadores también a tiempo parcial, que lo son, quizá, únicamente ocho horas al mes.