El Periódico

Miércoles, 9 de enero del 2013

Hasta hace muy poco, para asomarnos a las vidas ajenas leíamos diarios, novelas, veíamos películas o pegábamos el oído a conversaciones ajenas. Hoy, basta con abrir la página de Facebook para tropezarnos con las vidas expuestas de amigos virtuales que, en muchas ocasiones, son reales desconocidos. Nunca les hemos visto. Ni hemos tomado una copa con ellos. Ignoramos si, en persona, su mirada es tan profunda o su sonrisa tan encantadora como parece. Pero, por el contrario, sabemos que ayer se despertó con una nueva amante, podríamos recitar sus preferencias musicales, cinematográficas y literarias, sus gustos gastronómicos, sus planes para el 2013 y su lista de triunfos y fracasos del año pasado. A veces, resulta imposible no seguir con curiosidad alguna de sus reflexiones y correrías, con la misma avidez que un lector devora las páginas de una novela. La diferencia es que este libro se escribe en tiempo real y el final ni siquiera está planteado. Resulta inevitable preguntarse si el símil novelesco se extiende a algunas personas que vuelcan en la red sus propias vidas. Nunca antes fue tan fácil construir y proyectar un personaje de uno mismo. Ser lo que anhelas ser o lo que crees que deberías ser. Ser para gustar, para coleccionar decenas de «me gusta» en cada comentario o, por el contrario, provocar una marea de reacciones. Un perfil convertido en una obra de ficción que invita a participar. ¿Creación o farsa?

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