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Pequeño observatorio

Pequeñas obras perfectas

Viernes, 14 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOSEP MARIA ESPINÀS

Tengo una antigua predilección por dos ritmos musicales: el jazz y la bo-ssanova. Hace ahora 50 años que Vinicius de Moraes y Tom Jobim compusieron La chica de Ipanema, una pieza maestra de la bossanova.

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Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 14 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Me gusta la canción y me gusta cómo nació. Dicen que el letrista y el músico brasileños estaban sentados en un café, al aire libre, cuando vieron pasar a una chica muy bella y sugestiva. De esta visión nació la canción, que se puede traducir así: Mira / qué linda es / y llena de gracia / esa muchachita / que vemos que pasa / con un dulce balanceo / camino del mar...

Se trata, pues, de una canción nacida de una visión real y fugaz. Pero el éxito no fue fugaz. Se convirtió en un gran hito internacional y se tradujo a varias lenguas. No conozco las diversas versiones que se han hecho de ella, pero estoy seguro de que ninguna de las existentes puede tener la gracia de la original, porque la letra brasileña encaja perfectamente con una melodía que tiene el suave balanceo que los autores vieron en aquella chica que pasaba.

Para muchos, la bossanova solo es un baile. Yo pienso que si bien algunas de estas piezas son solo la muestra de un género, hay otras que tienen una calidad creativa, como la melodía de Desafinado, que es una maravilla de matizado juego musical.

Hablaba al principio de las relaciones entre el jazz y la bossanova. Pero esta relación se rompe cuando estas músicas sirven como materia bailable. El jazz se hizo popular cuando se reinventó en forma de foxtrot, como se decía de los bailables basados en el ritmo. Era un alejamiento de los orígenes. Aparecieron las jazz-band, así se llamaban, y se produjeron los éxitos de Glen Miller y otros conjuntos.

Quizá sería poco justo decir que aquello era música de jazz. Una adaptación comercial similar apareció en el campo de la música brasileña autóctona. Gracias a unos excelentes compositores, la bossanova se mantuvo fiel a unas reglas, a una línea musical suave y elegante. A ello contribuyó la sensibilidad de algunos letristas, que huían de los tópicos fáciles y de las pretensiones trascendentales.

A menudo no somos conscientes de que una canción francesa, un bailable estadounidense o una melodía brasileña que hoy son de absoluta actualidad nacieron hace 60 u 80 años. Si son tan válidas aún, debemos reconocer el motivo: son obras muy bien hechas.

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