El caballo estaba desbocado. Con la presión de la prima de riesgo al máximo sobre España e Italia y las agencias de rating apuntando ya contra Alemania y sus satélites, el BCE empezó ayer a dar muestras de que está vivo. Bastó una declaración de su presidente, Mario Draghi, insinuando un cambio de actitud -compra de deuda en los mercados secundarios- para que los mercados aflojaran y la bolsa experimentara subidas, en España la mayor en los dos últimos años. A la espera de la llegada de nuevas medidas en el camino de la unión fiscal y financiera, la única institución europea que puede hacer algo para aliviar las penurias es el BCE.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Draghi no entró en el detalle de las medidas que adoptará para preservar la moneda europea, pero su clara referencia a la falta de peligro de inflación, el objetivo central del BCE, adelanta un cambio de actitud en la línea de lo que España reclama desde que los mercados la asedian. Hasta hace pocos días, el presidente del BCE justificaba su inacción porque su misión no era solucionar los problemas de los países. Y ayer se justificó diciendo que debía defender el euro. ¿Qué ha producido ese cambio? Los mercados reaccionaron con entusiasmo. Habrá que ver qué sucede en los próximos días y, sobre todo, si hay algo más que palabras tras el discurso de Draghi. No hace falta que la economía de un país tenga problemas previos para que se hunda si ha definanciarse por encima del 6%, sobre todo cuando sus vecinos logran financiación a tipos negativos. Esta situación, que tanto perjudica a las empresas españolas y tanto beneficia a sus competidoras del norte, no puede prolongarse.