Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Hoy hace justo un año que murió Miguel Pairolí, el escritor gerundense. El amigo que teníamos en Quart. Sobre todo mi editora, que le iba a ver de vez en cuando, para animarle cuando su salud ya no era buena, y para hablar con Fina, la madre de Miguel, una persona que se hace querer. Madre e hijo han vivido juntos en una casa en las afueras. Pairolí enseñaba el huerto como otros enseñan una colección de grabados. Con motivo de este aniversario, Editorial Gavarres ha publicado, en forma de libro, una colección de largos artículos del escritor que lleva un título muy adecuado: 18 miradas. Con fotografías de Xavier Albertí y un prólogo de Pitu Barr. Pairolí comenzó a escribir artículos muy pronto, y trabajó en El Punt, el Diari de Barcelona y Nuevo Diario. Pero tengo la impresión de que no era un hombre para estar en una redacción. Más que explicar hechos, le gustaba observar las cosas, y sus cosas eran, en gran parte, los ingredientes y las variaciones de la naturaleza. «En las Gavarres, que son un bosque mediterráneo y, por tanto, con más tendencia a la sequedad que a la humedad, las rieras le hacen de oasis. Alrededor de los arroyos, la vegetación cambia. No solo el sotobosque es más frondoso y herbáceo, con helechos y cañaverales, sino que también encontráis alisos, chopos, acacias, castaños, aquellos árboles que quieren agua para vivir y para crecer. Las Gavarres son tierra de colinas y hondonadas, de cuestas y valles recluidos. Las rieras contribuyen a equilibrar la vegetación y el clima». Diría que su vocación era la de observador de campo, pero con un estilo literario, tranquilo y preciso, que lo emparentaba con los escritores clásicos. Hizo alguna excepción a la visión de su mundo, como la novela corta que se publicó hace ya varios años, El convit, que a mi entender es una pieza de tensión dramática perfectamente construida. En cualquier caso, Pairolí era, literariamente, muy independiente. No formaba parte de la sociedad barcelonesa de las letras. ¿Por el hecho de vivir en Quart? Yo pienso que no era esa distancia lo que lo convertía en un escritor fuera de modas. Sospecho que en Barcelona tampoco se habría hecho ver mucho. Era una cuestión de carácter. A veces le veía como un personaje antiguo, de pocas palabras pero de poderosos sentimientos disimulados. La soledad le iba bien para tener la libertad de observar y de pensar. Hombre culto, callado e irónico, no sabemos qué hubiera podido hacer, con más años. El tiempo tiene una implacable veracidad.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)